Las raíces del crimen en Puerto Rico

Cada día, cuando nos levantamos y vemos u oímos las noticias en los periódicos, la televisión o la radio, siempre leemos las mismas entradas: “asesinato en tal lugar”, “herido hombre/mujer en medio de robo domiciliario”, “se reporta asalto en tal lugar”, “hombre ataca a su esposa en tal lugar”… y decimos siempre lo mismo: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?

Llevamos años y décadas preguntando qué sucede con Puerto Rico, como si estuviésemos dispuestos o preparados para tomar acción para reducir el crimen y la delincuencia, pero vemos que en general, la situación va empeorando: la población decrece en la medida que más gente decirse irse de la isla para mejor calidad de vida y oportunidades, pero el número de asesinatos se mantiene, religiosamente, sobre los 800 y 900- en el 2011 llegó a más de 1,100. La situación se ha puesto de tal forma que ya según estadísticas, el país de México cuenta con menos asesinatos por cada cien mil habitantes que Puerto Rico en este momento.

Siempre decimos que hay que combatir el crimen reforzando la seguridad, implantar castigos más fuertes, y rehabilitando a los que delinquen. Pero la realidad es que en todo este tiempo, hemos olvidado atender las raíces que causan el crimen en general. Muchos lo sabemos, pero no nos atrevemos a lidiar directamente con esas raíces y es por eso que seguimos igual o incluso peor. Lo voy a mostrar con un relato ficticio pero que muestra lo que sucede en la vida real prácticamente todos los días.

Carlos y Diana son una pareja que se conocieron en un parque, se enamoraron y formalizaron su relación; al principio tenían una relación relativamente bonita y normal, con sus problemas como toda pareja, pero nada que fuera algo que no se pudiera controlar o que fuera motivo de separación, en ese momento. Se casaron y tuvieron un hijo. Pero lamentablemente, la relación más tarde comenzó a mostrar síntomas de un patrón que se convertiría en un mal; sus discusiones normales dejaron de serlo para volverse más agresivas, al punto de los gritos, insultos y palabras soeces entre ellos y delante de su hijo que por dentro sentía una gran tribulación y miedo, mientras que su subconsciente grababa cada palabra insultante que se intercambiaban sus padres. Eventualmente las discusiones agresivas presentaron episodios de violencia física, y así se mantuvieron hasta que finalmente se separaron cuando su hijo tenía 15 años.

El hijo, de nombre Roberto, como ya se había acostumbrado a ese ambiente de violencia en su hogar, además de mostrar un aprovechamiento académico pobre, había estado empezado a emular la violencia que presenciaba en su casa en la escuela con otros compañeros. Luego de muchos problemas, fue suspendido y como sus padres estaban tan mal emocionalmente y no se preocupaban por su hijo, se fue a la calle a refugiarse con unas “amistades” que ya estaba conociendo, ya ustedes saben el negocio en lo que estaban metido. Todos ellos tenían algo en común: eran hijos de padres disfuncionales. Como estaban rebeldes ante la sociedad, se habían metido al negocio de lo ilegal porque ya para ellos morir o ir presos no iba a ser peor de lo que estaban viviendo por dentro actualmente. Nada les importaba.

En este ejemplo quiero mostrar solo una de las cosas que hacen que muchas personas decidan tomar un camino de delincuencia. Muchos que no hemos tenido estas experiencias tan tristes no comprendemos el infierno interno que viven estas personas e ignorantemente pensamos que lo decidieron porque quisieron, tomando una postura arrogante y predispuesta. La verdad es que estas personas ya no sienten esperanza por sus vidas y cada vez que la sociedad los señalan, ellos lo que hacen es certificar y confirmar que definitivamente sus vidas no tienen sentido, en su opinión personal. Quizás muchos dirán “pero hay mucha gente como Roberto que logran echar hacia adelante y no se meten al crimen”. Existen personalidades y caracteres diferentes y no todos tienen la suficiente fuerza emocional para poder bregar con un problema con una madurez impresionante. Por eso entran al crimen, porque “ya no tienen nada que perder”.

No estoy diciendo que están justificados en cometer crímenes, pero sí tenemos que preguntarnos, como sociedad, qué estamos haciendo para que sigan sucediendo estas cosas? No todos optan por el crimen, de nuevo; hay quienes afortunadamente encuentran una salida, pues se les presenta la oportunidad, encuentran a una persona que los ayudan a salir de su infierno y pueden levantarse y empezar una nueva vida; pero otros optan por rendirse y dejarse “morir”, pues no aparece ninguna solución para ellos, y a veces optan finalmente por el suicidio para terminar con su sufrimiento. En realidad los caminos negativos de muchas personas tienen un origen en el sufrimiento y en la falta de entusiasmo por la vida y para que una persona se sienta así tienen que suceder cosas en su entorno que los obliguen a llegar a ese estado.

El crimen puede ser algo muy dañino para la sociedad, pero detrás de los rostros de los criminales, hay personas con sus esperanzas destruidas, con un sentido de vida totalmente nula; todo lo que hay en su mente es la venganza porque “la vida” no les dio la oportunidad de tener una vida mejor y cuando ven a otras personas que sí tuvieron la oportunidad, a veces, se desquitan con esa persona.

Hay otro elemento que debemos tomar en consideración: no todos tienen el infortunio de crecer en hogares disfuncionales pero si tienen el infortunio de vivir una vida con muchos problemas muchas veces sin culpa una vez llegan a la etapa adulta. Si tomamos otro ejemplo de una persona que tuvo una niñez y juventud relativamente normales, pero que entra al mundo del trabajo y luego por cosas de la vida, lo pierde (especialmente hoy en día con la inestabilidad de la mayoría de los empleos de buena remuneración salarial) y no tiene suficientes ahorros, digamos ahora que esa persona tiene una familia que mantener. Esta persona se ve “apresurada” a conseguir dinero o su familia se puede ver embestida por el hambre y la falta de un techo- lo cual puede traducirse en la familia destruida y volvemos entonces al mismo punto que se estableció en el ejemplo anterior: la persona entra en una mentalidad donde nada le importa y nada le hace sentido, y opta por entrar en cosas ilegales o autodestruirse de alguna manera.

Vivimos en unos tiempos extremadamente fuertes, donde el costo de vida es cada vez mayor, y los salarios no aumentan al nivel de tener una vida relativamente cómoda y “decente”. Se vive para pagar las deudas y lo necesario para mantenerse (comida, gasolina, escuela, etc.) En Puerto Rico el problema es aún más agudo porque los empleos de buena remuneración económica no son abundantes, por eso la gente se está yendo, en el orden de más de cincuenta mil por año. Esto significa que cada vez son menos las personas que usan los servicios que hay en la isla, y esto se traduce en más y más desempleo- son menos las personas que van a doctores, a los supermercados, a entretenarse al cine, etc. Los impuestos están azotando cada vez más a la gente y los salarios de los trabajos que hay no dan para pagar ni la mitad de las deudas regulares. Esto se está traduciendo en varios factores que contribuyen al crimen: el desespero por obtener el dinero suficiente para pagar deudas, alimentos y lo necesario para la familia se está traduciendo en asaltos y robos; en gente que decide entrar al bajo mundo para complementar con lo poquito que ganan con un part-time, o abren algún negocio sin la permisología requerida, entre otras cosas ilegales.

Nuestro sistema actual, tanto en Puerto Rico como en otras partes del mundo, en combinación con el efecto de la sobrepoblación, está causando estragos en la sociedad y hay que buscar soluciones con la mayor prontitud posible.

En este tiempo, varias cosas se pueden hacer para reducir el crimen, pero hay que usar estrategias realistas y posibles, no utópicas. En Puerto Rico se tiene la costumbre, por la religiosidad de nuestra cultura, de “orar” o “rezar” para que las cosas mejoren. Pero vamos a ser realistas, eso no es suficiente (y de hecho hay personas que entienden que no hacen absolutamente ningún efecto). No podemos echarnos a coger fresco mientras le dejamos el trabajo de restauración de Puerto Rico a una deidad en la cual solamente algunos creen por fé (sea mayoría o no); se tiene que tomar en cuenta que no todas las personas en PR practican el cristianismo y no todos creen en Dios o en deidad alguna. Hay que tomar acción, visible y notable- todos. Por eso, para empezar, a los niños no se les puede seguir engañando con un futuro prometedor mientras los adultos sabemos que hay muchísimo que hacer para que nuestro mundo pueda ser “cercano” a algo prometedor. Aunque no se les puede decir con crudeza la clase de mundo que vivimos, no se les puede seguir vendiendo sueños para que se desilusionen más tarde al ver que el grandioso mundo donde hay armonía, paz y amor entre todos los humanos no existe. NO vivimos en un mundo justo. Esa es la primera verdad que hay que aceptar: hay personas buenas que fracasan, y hay personas malas que triunfan (no existe tal cosa como el karma, o castigos/premios por acciones hechas). Es sólo cuestión de tiempo para que eventualmente las personas se den cuenta, y decidan aceptarlo o negarlo y buscar razones que no existen para seguir creyendo que el bien siempre es premiado y el mal castigado. Hay miles de personas que cometieron fechorías y jamás pisaron la cárcel, jamás se divorciaron de sus parejas y de hecho mueren en relativa paz y si acaso, si se llega a conocer algún “secreto” oscuro, es años, décadas o siglos después de su muerte, y a veces nunca se sabe. Hay miles de personas caritativas, de corazón noble y con el corazón de oro que terminan deambulando o acusados de algo que no hicieron, algunos presos, y marcados hasta el día de su muerte. Hay personas decentes que son falsamente acusados de algo en un trabajo y lo pierden. Hay personas tramposas que jamás nadie se da cuenta de su trampa, o se lo dejan pasar, y escala alto hasta llegar a una posición de alta jerarquía. Por más que podamos negar esta realidad y buscarle explicaciones espirituales o de cualquier tipo, sigue siendo una realidad por lo que hay que preparar a las nuevas generaciones para un mundo cruel e injusto.

La norma principalmente es que quien hace lo malo eventualmente pagará por lo que hace y las leyes existentes hacen todo lo posible porque así sea pero nuestro sistema es un imperfecto y propenso a errores, muchos cometidos a propósito.

Hay que hacer que las futuras generaciones en lugar de esperar premios o castigos por sus acciones, valoren el concepto del honor. Es decir, el hecho de que sin importar el resultado de sus acciones, deben perseguir lo bueno para sentirse satisfechos con ellos mismos y sentirse que contribuyen al bien de la sociedad. Por eso es sumamente importante inculcar la alta auto-estima. No podemos permitir que la gente siga haciendo las cosas con el propósito único de ser aceptados por los demás o de recibir galardones o reconocimiento de algún tipo porque no ha habido un alma en el mundo que haya sido querido por todos- ni siquiera Jesús (para los que siguen el cristianismo). Naturalmente se siente bien cuando otros reconocen tu esfuerzo. Pero más que esperar el aprecio de los demás es importante darse el aprecio uno mismo. Después de todo nadie conoce a uno, como uno mismo.

Una vez uno tenga su auto-estima estable y sólida entonces uno procede a ayudar a los demás a que valoren cada uno su vida. Pero lo más importante es que antes de hacer algo hay que valorarse uno mismo y no esperar nada de otros o descansar en otros el valor propio que uno debe tenerse hacia uno mismo.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s