La realidad sobre el éxodo de los puertorriqueños a los Estados Unidos

Saludos y gracias por leer mi quinta entrada en mi blog.

En esta ocasión me quiero expresar ante una realidad que estamos viviendo desde hace ya muchas décadas en la comunidad puertorriqueña- que también ocurre en otros países pero en nuestro caso es sumamente aguda, y se trata de la salida de los puertorriqueños de la bella y paradisíaca isla del Encanto.

          Empecemos primero por describir los encantos de la isla: playas azules, montañas, valles, cuevas, acantilados con vistas inigualable hacia el mar, tenemos hasta un cañón en Barranquitas/Aibonito; un semi-desierto, ríos caudalosos y subterráneos, áreas llanas para agricultura, la vista de cayos e islitas prácticamente a través de toda nuestra costa, un bosque forestal, y laderas hermosas. Todo esto, en una isla que mide un promedio de cien millas de oeste a este (sin contar Vieques y Culebra) y 35 millas de norte a sur, y esto sin mencionar los diferentes atractivos hechos por el hombre, como el Viejo San Juan, los faros de Rincón, Maunabo y Fajardo, el parque la Marquesa en Guaynabo, Toro Verde en Orocovis, los parques acuáticos y la pista de hielo en Aguadilla, Las Croabas, los balnearios, La Guancha, el Castillo Serrallés y el Museo de Arte en Ponce, el Zoológico de Mayagüez, los paradores, Boquerón, los restaurantes de Joyuda, el mirador de Villalba-Orocovis y mucho más.

          En un espacio pequeño los puertorriqueños pueden disfrutar de entretenimiento variado natural y hecho por el hombre, tal que no hay manera de aburrirse en la isla; claro, para quienes aprovechan y valoran los encantos que ofrece la isla. Pero todos sabemos cómo está la situación social, política y económica de la isla. El gobierno no muestra compromiso alguno con el pueblo- como suele suceder, llegan al poder y olvidan las promesas, todo lo que buscan en darse la buena vida a cuesta de la población. No le aumentan los salarios a los maestros y a los policías y esto en consecuencia causa una falta de compromiso total de muchas de estas personas con los niños y jóvenes, y con la seguridad del público, causando que las nuevas generaciones no reciban una educación adecuada y por otro lado hay muchos padres con falta de capacidad para criar a sus hijos lo cual es la combinación perfecta para que estos entren en la delincuencia o por lo menos en una actitud ante la vida rebelde y que no es lo que Puerto Rico necesita. El sector religioso por otro lado, ante su mentalidad de mantener unas tradiciones y unos valores estrictos muchas veces no ayuda tampoco, con la cuestión de juzgar a las personas por ciertas conductas, y por último las corporaciones y las personas que tienen buenos trabajos muchas veces buscar su propio beneficio y no facilitan el que personas que están graduándose o entrando de alguna manera a “la vida real” del trabajo. Todo esto está desembocando en dos cosas que afectan la isla: el aumento en la delincuencia y la salida de los puertorriqueños.

Entonces, luego de haber descrito tanto las virtudes de nuestra tierra y de haber mencionado la situación social, hacemos una comparación de las poblaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos de puertorriqueños, y resulta que hay más puertorriqueños en Estados Unidos que en la isla. Somos el único lugar en Latinoamérica con una mayoría de personas nativas de su país fuera de su isla. Sí, quizás ayuda el hecho de nuestra condición de ciudadanos que nos podemos mover a través de toda la jurisdicción estadounidense sin problemas de visas, pasaportes o permisos, pero el que hayan más personas viviendo en áreas frías y llanas y naturalmente monótonas, que en el paraíso terrenal que es la isla es algo que no se puede justificar para nada.

Esta es la realidad que muchos puertorriqueños en la isla desconocen o ignoran: la inmensa mayoría de los puertorriqueños que vivimos en Estados Unidos, en esencia y en nuestro corazón, o sea “idealmente”, les gustaría vivir en la isla, no aquí. Por ejemplo yo vivo en Florida. Me gusta y está chévere, tengo cerca la playa, parques temáticos, museos, y es un área relativamente completa, no hay montañas cerca pero hay unas lomitas en el norte que dan un poco de relajación, y el clima es bastante bueno, a veces frío pero jamás como más al norte. Viví un tiempo en el área de Washington, D.C. el cual también tiene sus atributos y tanto desde aquí como desde Washington me di mi turismo interno, aquí en Florida, llegando tan al oeste como Baton Rouge en Louisiana, al norte como los Smokies en Tennessee y Carolina del Norte y al sur hasta Key West; y en Virginia llegué tan al oeste como Chicago y tan al sur como Raleigh, en Carolina del Norte. Estados Unidos tiene sus encantos y se disfruta, pero soy sincero… nada de lo que he visto compara con lo que describí arriba de Puerto Rico.

          Y siempre que visito Puerto Rico, le doy un buen paseo, o sea no voy a mi “lugar de origen” y allí me quedo. He ido a los 78 municipios. Cuando estoy paseando por la isla siento algo diferente, especialmente cuando miro las vistas desde lo alto. Una de mis favoritas es el de Orocovis-Villalba, desde donde se ve tanto el Mar Caribe como el Océano Atlántico. Y no sólo es el aspecto de la tierra; nuestra cultura también es algo que se extraña, sobre todo en la época navideña, con las parrandas, los encendidos y las diferentes fiestas municipales y la música que se oye por doquier. La sencillez de las tradiciones es lo que más uno extraña, y aun cuando por ejemplo en Orlando, Nueva York o Hartford con su comunidad de cientos de miles de puertorriqueños hagan algo parecido o lo simulen entre ellos, o aún en sectores más pequeños se reúnan la realidad es que no es lo mismo. No es lo mismo porque aquí en Florida no están las montañas, en el norte no está el clima fresco, ni el sabor del campo. Y sobre todo, porque aquí está el factor idioma. No es lo mismo una fiesta navideña boricua en inglés que en español, y sabemos que siempre aquí no importa donde sea, el inglés está presente. Se trata de cultura, no que sea algo malo- la realidad es que no hay nada como la cultura local puertorriqueña para nosotros los puertorriqueños. Aún si uno está en otro país latino.

          Además de esto, el exilio tiene dos vertientes negativas que hay que mencionar y esto también lo digo por experiencia propia. Uno: la lejanía de las amistades y familiares. Con el éxodo de puertorriqueños, se están rompiendo familias. Aún con la existencia del Facebook, Tango, Facetime, Skype y otros elementos muy buenos en la cuales se mantienen “cerca” las personas que están alejadas por miles de millas, esto no sustituye la salidas al campo, a la playa con una buena barbacoa o pícnic o una cena familiar un domingo, como una familia que conocí en Yabucoa un tiempito que viví allí- todos los domingos lo hacían religiosamente. Dos: aún las personas que se van para los Estados Unidos, obviamente por el tamaño del país también no pueden interactuar. Un puertorriqueño en California está a casi tres mil millas de otro puertorriqueño en New York. Si estos dos puertorriqueños son hermanos, primos o amigos, su relación tendrá que depender de lo mismo que dependerían si uno de ellos se quedara en Puerto Rico. Obviamente tenemos que agradecer a la tecnología por permitir ahora una interacción más fuerte pues con ciertas aplicaciones pueden verse, cuando antes solo se podían oír por teléfono.

          Por último, muchos puertorriqueños, por la mentalidad equivocada infundada por el gobierno, piensan que aquí todo es “mejor”. Ya expliqué arriba en qué sentido no lo es. Ciertamente y hay que aceptarlo, Estados Unidos por el momento ofrece una mejor calidad de vida, mejor infraestructura y mejores oportunidades de trabajo (aunque la cosa está en deterioro), pero también aquí persiste la mentalidad del trabajo por sobre todas las cosas, incluyendo la familia. Hay personas que se vienen solas con sus familias inmediatas (pareja + hijos) y debido a la naturaleza exigente de los trabajos, muchas veces las parejas no están siquiera juntas, lo que hace que una de las partes prácticamente esté sola pues los hijos están en la escuela. Si ambas partes trabajan es un poco mejor pero simplemente hay conflictos pues tienen que poner a personas extrañas al cuido de sus hijos si son pequeños, muchas veces a un costo altísimo; los cuidos de bebés y niños aquí no suelen ser menos de quinientos dólares al mes. En Puerto Rico con la presencia de abuelos, tíos y familiares que se conocen de toda la vida y por el tamaño de la isla era más fácil manejar estas situaciones. Además, debido al nivel de presión que se ha ido mostrando que no es el mejor en este país, en los trabajos, las familias no pueden disfrutar como deben, por la ausencia constante de uno de los padres y por el cansancio y agotamiento de éstos tal que no comparten con entusiasmo y energía con sus familias.

          Muchas personas aún con todos los males presentes en la isla, hacen una “medición” de esos males con los que menciono estando aquí y muchos terminan regresando aún si tienen que trabajar en algo de menor paga y exponerse a los peligros de la alta incidencia criminal en la isla. Por tanto, es meritorio pensar en soluciones para esta situación. En mi siguiente artículo espero dar buenas ideas para estas soluciones.

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