Paternidad y disciplina en el hogar puertorriqueño

Dice la gente por ahí que la razón de ver la sociedad puertorriqueña actualmente como está se debe a la falta de valores y de una buena crianza en el hogar, y aunque es cierto, debemos considerar que cuando no hay padres con la madurez y capacidad necesaria para tener hijos, entonces no es posible que haya una buena crianza.

Para muchas personas, probablemente la mayoría de la gente en Puerto Rico, el tener hijos resulta una bendición y cambia sus vidas, el problema es que muchos no tienen la más mínima idea de que la nueva etapa en la que entran cuando tienen sus hijos es una de las más difíciles y aún más en estos tiempos donde los adultos son expuestos a tanto estrés y presiones, y hay algo que si falta en el nuevo padre y nueva madre, garantiza el fracaso absoluto de su rol: la paciencia.

Criar hijos nunca ha sido fácil. Pero muchos aparentemente tienen hijos pensando en la diminuta etapa de bebé, cuando un hijo es responsabilidad un padre por 18 años legalmente y aún más moralmente. Los seres humanos pueden venir al mundo con cualquier tipo de carácter y dependiendo del carácter del padre, se puede formar una relación agradable o desagradable. Contrario al caso de una pareja (hoy en día los divorcios están por las nubes, demostrando así que no hay mucha capacidad por parte de la mayoría de la gente en tener una relación estable con otras personas), los hijos no se pueden “descartar”, por lo menos no hasta que cumplen la mayoría de edad y se hacen cargo de sus vidas. El asunto es que por razones religiosas, culturales y psicológicas, una relación negativa entre padre e hijo muestra un claro problema de salud emocional y posiblemente mental entre una de las partes o las dos.

Lo primero que debemos entender de una vez por todas, es que no todos los seres humanos vienen al mundo para ser padres. El pasaje bíblico utilizado normalmente por los cristianos para justificar la procreación de humanos sencillamente en estos tiempos ya no aplica. Somos 7 billones de personas en el mundo y miren como viven por lo menos la mitad, en la pobreza, en ambientes disfuncionales y de manera deplorable. Para tener hijos hoy día se necesitan muchas cosas, aparte de la paciencia que es la más importante y es el corazón de todo lo necesario para la buena paternidad. Analicemos con detenimiento algunas de las cosas que se necesitan para la buena paternidad.

1. La paciencia

La paciencia es la columna vertebral de la paternidad… o digamos su corazón, su “core” como se diría en inglés. Sin paciencia es sencillamente imposible que una persona pueda ser un buen padre o una buena madre. No importa que la persona tenga buena economía, que tenga muchos otros atributos… sin paciencia, no se puede ser buen padre, punto. Los hijos en la medida que crecen van desarrollándose emocional y mentalmente, descubriendo el mundo a su alrededor, dándose cuenta de muchas cosas y preguntará, cuestionará y dudará. Experimentará eventualmente, cometerá errores, se equivocará. Si el padre responde a esto de manera hostil, desmedida y tajante, digamos por ejemplo que el hijo hace algo indebido, por primera vez, y el padre responde con un bofetón, o con una golpiza, el hijo desarrollará una mala entraña. ¿Por qué mi papá o mi mamá me hizo esto? ¿Será que soy un estorbo para ellos? Evidentemente aquí vemos una clara falta de paciencia. Muchos padres piensan equivocadamente que están actuando “con autoridad”. Golpear a un hijo no es actuar con autoridad, es actuar como una persona que necesita ayuda profesional- es una persona violenta y con clara falta de salud mental.

Recientemente vi una noticia- y esto es para que observen el problema de salud mental alarmante que hay en la isla- de una muchacha estadounidense de 14 años que escapó de su casa en Nueva Jersey (no era la primera vez) que fue encontrada en Barrio Obrero, y ver los comentarios de la mayoría de los “padres” me mostró cuán grave está el problema de salud mental y cuán mala esta la cuestión de la paternidad. “Se merece un bofetón”, “Si un hijo me hace eso le rompo la boca”, “Cuando llegue a la casa que se prepare que va a saber lo que es bueno”… expresiones amenazantes, violentas y que muestran el cuadro de lo que se vive en muchos hogares puertorriqueños, la mentalidad de que un padre tiene que disciplinar a base de golpes y agresión en lugar de un diálogo urgente. No solo esto- sino también la doble moral, la hipocresía: si esto mismo pasa pero con un esposo o una esposa, ahi sí es violencia doméstica y el tipo o la tipa merece cárcel. En esos comentarios, en su contenido y en la defensa aférrea al punto de vista de que hay que abofetear a un hijo rebelde para que “aprenda”, puedo darme cuenta, de lo enferma que está nuestra sociedad.

Una persona adolescente ya sabe bastante de la vida, ya tiene desarrollada una manera de ser, un carácter, y con golpes y bofetadas no la vas a arreglar- al contrario, las consecuencias de las agresiones a los hijos para “disciplinarlos” serán el desarrollo de un odio del hijo hacia al padre, y no hay nada más triste para una persona, claro a menos que en efecto no quiera a sus hijos, que saber que tu hijo no te tiene ningún cariño, que te odia, que te tiene miedo, que no siente ningún tipo de agradecimiento. De manera que las agresiones como método para enderezar a un hijo y máxime cuando estos ya están cercanos a la mayoría de edad no tienen ninguna justificación y quien lo justifique, no está preparado para ser padre o madre.

La paciencia significa que cuando un hijo haga algo, digamos por primera vez- le expliques con seriedad cuales son las consecuencias de sus acciones. Muchas veces la gente cree que hace algo bien y no es hasta que alguien le explica que entiende y no lo vuelve hacer. Un tono serio por un padre cuando le dice a un hijo “no lo vuelvas a hacer, ¿entendiste?” seguido de una explicación que el hijo pueda entender del por qué no lo puede volver a hacer- sin usar amenazas, ni advertencias pues es la primera vez que comete el error, es lo que provee al hijo lo necesario para que haga caso y a la vez comience a respetar a su padre o madre. Si comete el error de nuevo, a propósito entonces ahí se puede emplear ya la advertencia de un castigo, y eventualmente emplearlo, pero éste no tiene que ser una golpiza o un bofetón o algún método de agresión. Y por más que la gente trate de pasar sábanas al asunto, cualquier método que implique dolor es agresión, ya sea con la mano, una correa, un látigo, una vara o cualquier objeto. Hacer que tu hijo te tenga miedo solo hará que técnicamente hayas fracasado miserablemente como padre o madre. Además toma en cuenta lo siguiente- ya se ha probado psicológicamente los efectos nocivos de la agresión a los hijos. Podrás oir por ahí a gente que dirá “yo soy lo que soy por los correazos que mi padre me dio a tiempo”… estas son personas que muchas veces tienen heridas internas muy profundas y que han sido canalizadas por dogmas religiosos y otras cuestiones, pero muy por dentro, sienten el dolor emocional de esos golpes y es muy probable que más que un agradecimiento a sus padres por “enderazarlos” a tiempo, les tengan miedo en realidad. Quizás también no es que tengan heridas emocionales, pues a lo mejor en otros renglones sus padres eran buenos con ellos- y por eso concluyeron que la disciplina agresiva fue necesaria, pero tomen en cuenta que estos casos son muy pocos, no presentan la realidad de que en la mayoría de los casos un hijo agredido por un padre le tendrá resentimiento, desconfianza y temor, no respeto.

2. Comunicación

Muchas veces vemos hogares disfuncionales donde sencillamente no puede haber comunicación entre los hijos y los padres. Vamos a usar otro ejemplo de algo que veo en los comentarios de diferentes noticias en Puerto Rico- cuando sale un artículo de algo que tenga que ver con homosexualidad, los comentarios homofóbicos, con uso de epítetos y adjetivos son alarmantes y preocupantes- porque me pregunto así como muchos de preguntan- ¿qué va a pasar con los hijos de estas personas si resulta que son homosexuales? Con actitudes arrogantes sobre cómo debe ser una persona a la hora de portarse sexualmente hablando, no podemos esperar otra cosa sino más de los males que hemos visto- padres maltratando a sus hijos y haciendo que éstos les tengan desconfianza. A pesar de los intentos de muchas campañas para concientizar a los padres sobre este asunto, la actitud de muchos sigue siendo “eso está mal y se acabó y si mi hijo me sale con eso no lo voy tolerar”. Esto es otro ejemplo de personas que no tienen la capacidad necesaria de ser padres.

La comunicación entre los humanos en general siempre ha sido conflictiva por el asunto de las diferentes personalidades y maneras de pensar. En esto ha contribuido significativamente la cuestión cultural y religiosa. En el ejemplo usado, por ejemplo, el cristianismo siempre en general se ha mantenido firme contra la homosexualidad, por razones que bueno, se pueden entender a cierto grado, pero no se pueden aceptar porque ignoran patrones ya encontrados por la ciencia que no pueden ser negados. Se usa el asunto de la procreación, pero se ignora el asunto del balance y el hecho de que es algo básicamente biológico y que se da en muchos animales además de los humanos. Aparte sobre la aparente politica de “no tolerancia” de la biblia ante la conducta, muchos entonces creen que es algo que se elige, o sea que todos los seres humanos son heterosexuales por naturaleza y deciden si de repente van a sentir otro tipo de atracción. La ignorancia que se refleja en esta lógica absurda es espeluznante y lo peor es la negativa a educarse sobre el tema, y solo en algunos casos afortunados un padre logra comprender que aún si no esta internamente de acuerdo con la vida que tiene su hijo, lo va a aceptar y querer.

Siempre van a haber desacuerdos entre padres e hijos- es imposible esperar que un padre o un hijo acepte todo lo que uno o el otro diga. Pero la base de la comunicación es llegar a una base del respeto mutuo. Cuando un padre entiende por cuestión cultural que el siempre tendrá la razón y su hijo siempre estará equivocado se asienta una base para una relación mala entre ellos y se asegura el fracaso del padre en su rol. Tomemos otro ejemplo- un hijo le dice a su papá (que es doctor), que quiere ser maestro. El papá le responde “¿Maestro? ¡Eso no paga! No, aspira a otra cosa, que vergüenza” Aquí tienen un ejemplo de lo que es la falta de habilidad de comunicarse con su hijo. No está pensando “contra debo apoyar a mi hijo si eso es lo que quiere ser, si es lo que le apasiona”, solo piensa en su posición social y en que quiere que su hijo lo que él quiere que sea.

Un padre debe apoyar a su hijo en sus decisiones siempre y cuando éstas decisiones sean responsables, aceptables y respetables. Obviamente un padre no puede consentir que su hijo robe, delinque o juegue con los sentimientos de una mujer, por ejemplo. Aquí hace falta el concepto de la comunicación de una manera seria, pero a la vez que muestre a su hijo que puede confiar en su padre y que pueda sentir que su padre entiende sus inquietudes y problemas- y que lo guiará por el camino correcto. El padre puede explicarle al hijo por qué robar es malo- por razones morales, legales y espirituales, si es que en el último creen o siguen alguna religión o concepto espiritual. Puede explicarle por que debe portarse decentemente con una dama. Regañar cuando se hace algo malo, con seriedad y carácter pero sin agresión ni palabras hirientes. Un padre que en medio de la comunicación con su hijo lo ofende, sólo hará que desconfie de él.

3. Preparar al hijo para el mundo real

En la medida que el hijo va conociendo el mundo alrededor, su mente va desarrollando dudas, preguntas, y comienza el proceso de experimentación. Si un padre mantiene a un hijo en una “burbuja” y le muestra un mundo ideal, entonces su capacidad paternal está en duda. Quizás en este caso no hay malas intenciones y no es el deseo del padre lastimar o hacer daño a su hijo sino todo lo contrario, pero como persona adulta, un padre o una madre responsable es sincero con su hijo con respecto al mundo en el que vivimos. Si usamos el último ejemplo del doctor con su hijo que quiere ser maestro, la reacción que puse mostraba a un padre egoísta que sólo piensa en lo que le conviene, pero si la reacción del padre, suponiendo por ejemplo que el magisterio fuera una carrera saturada es “bueno hijo, considera que no hay mucha demanda para los maestros y a éstos no les pagan bien”, está diciendo la verdad en este ejemplo (aunque sabemos que en Puerto Rico, lo del salario sí es cierto) y su intención no es desilusionar a su hijo sino decirle la verdad.

Vivimos en un mundo sumamente difícil, donde la maldad abunda en todos los renglones. En los trabajos lo que hay predominantemente es arrogancia, competencia negativa (“el fin justifica los medios”), ambientes tóxicos, envidias, chismes, y un padre no puede presentarle a un hijo un mundo donde “todo va a salir bien” porque no es así. Habrán momentos malos, y un padre debe preparar a su hijo para la maldad que encontrará en su vida adulta. Por lo tanto, debe ayudar a desarrollar el carácter de su hijo y esto se hace siendo franco y sincero con ellos. Cuando un hijo le pregunte a un padre de un tema delicado como el sexo por ejemplo, se debe usar un lenguaje que corresponda a la capacidad mental de acuerdo a la edad, pero no se puede mentir. Hay personas malas que juegan con los sentimientos de las personas. Hay que tener cuidado con las amistades. Siempre hay que observar la mirada y cualquier mueca que pueda hacer una persona que denote que no es una persona sincera. Hay que quitar esa imagen pulcra y falsa que se le pone al mundo religioso- hay maldad en las iglesias y en los centros religiosos. Ya hemos visto en las noticias el asunto de la estafa, de los abusos sexuales y de la corrupción, amén de la hipocresía y falsedad, de personas que te dicen Dios te bendiga pero por detras te apuñalan. Aunque un padre debe ganarse la confianza de su hijo, debe desarrollar en el la desconfianza en su entorno. Si un hijo le pregunta a su padre “papi/mami, cuando sea grande, ¿podré llegar a ser esto?”, la respuesta no debe ser un simple “sí”. Si vas a incentivar a tu hijo debes advertirle de las situaciones que va a encontrar y a exhortarles a que no se rindan. A veces se usa la frase “con el favor de Dios” o “esperemos” para añadir el “factor de seguridad” de la posibilidad de que algo no salga bien, pero en cierto punto de la vida, quizás en la cercanía de la mayoría de edad, el padre debe tomar un tiempo de exponer a su hijo a la realidad cruel de la vida, y me refiero a explicarle todo lo que va a haber dentro de poco en su vida. De trabajos que aplicará y no obtendrá, de tener cuidado de algun hombre o mujer que quiera hacerle daño fingiendo amor, de tener cuidado de no caer en tentaciones que pueda arruinar su vida. De perseverar y no esperar perfección.

4. Respeto

De la misma manera que un hijo debe respetar a su padre, como persona que lo trajo al mundo o lo está criando, un padre debe respetar a su hijo porque recordemos que los hijos son seres de la vida, que no van a estar todo el tiempo bajo la supervisión directa de ellos y para entablar una relación de confianza mutua no se puede pretender que un hijo vea a un padre como un dictador que lo gobierna y el cual no puede cuestionar o preguntarle sobre alguna duda. En nuestro país y aquí me voy en la linea de la paternidad masculina (todo lo que he dicho hasta ahora aplica a padres y madres), se tiene una mentalidad machista en la que el padre macho es una figura que hay, prácticamente, que temer. La madre es la tierna, la que trata con amor a su hijo mientras que padre macho que trabaja y mantiene el hogar es el que emplea la mano dura. Esta es una mentalidad absurda y mediocre que sólo conduce a la lejania de los hijos. Cuando un padre le alza la voz a su hijo sin razón, para “demostrar autoridad” lo que está demostrando es inseguridad, eventualmente su hijo lo descubrirá y no lo respetará más sobre todo cuando llegue a la mayoría de edad. El respeto no consiste solo en “autoridad” sino en confianza. Que si un hijo tiene duda con algo, no diga “no se lo voy a decir a mi papá por que me sale de atrás para adelante”. No es que el padre lo trate como vidrio y no le diga la verdad si es que la duda implica que el padre use un tono serio para explicarle por qué no debe hacer eso que a lo mejor quiere hacer. Pero no debe usar un lenguaje ofensivo- es su padre, no su jefe ni su dictador.

Es importante en conclusión de este tema del cuál espero continuar en una segunda parte en el futuro pues es mucho lo que se puede decir pero ya el artículo se está extendiendo, que un padre le muestre a su hijo que encontrará en su camino personas que no lo van a tratar con respeto, personas malas, que solo querrán usarlos, muchos haciéndose pasar primero como amigos. Pero un padre y una madre deben ser figuras en las cuales un hijo debe confiar. Un jefe, un “amigo”… son extraños, el padre es quien te da la vida y te cría. Si un hijo desconfía de quienes lo “formaron” no podemos esperar que vean en la sociedad una solución, quizás concluye que todos los seres humanos son un problema, y por eso quizá opte por una vida equivocada. Los padres deben ser figuras de respeto y de confianza para los hijos.

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