El fanatismo en Puerto Rico

Fanatismo se puede definir como la admiración hacia una figura, una persona, una deidad, una manera de pensar, un sistema o cualquier objeto, tanto con como sin razón- con la diferencia de la admiración de que el fanatismo niega toda realidad que puede ser negativa. La admiración sola siempre tiene una razón- se puede admirar a una persona por haber hecho una buena labor, una acción noble, o se puede admirar un sistema que se puede ver que da resultados para el mejoramiento de la sociedad. El fanatismo, por otro lado, se da muchas veces sin que una persona, o un sistema como ejemplos, haga algo positivo o notorio.

En todos los países y rincones del mundo existe el fanatismo, pero en algunos lugares es más marcado que en otros. También depende de lo que se es fanático. Se usa mucho el término fanático cuando se habla de entretenimiento o el mundo de las comunicaciones, pero el fanatismo en ese sentido casi siempre es admiración (ser fanático de la salsa, ser fanático de X artista, cantante o modelo, etc.) En este artículo me quiero concentrar en el aspecto del fanatismo por modo de “seguir” algo pero lo cual no hay razón real para seguir.

Sabemos que en Puerto Rico, parte de los males sociales no se han trabajado de manera adecuada con ellos a causa de ciertas formas de fanatismo, los más poderosos siendo el fanatismo político y el fanatismo religioso. El tema de la política y de la religión son temas neurálgicos y es por eso que incluso muchas personas no les gusta debatir sobre estos temas e incluso en algunos negocios se prohibe o por lo menos se pide de favor evitar conversaciones de estos temas, pues cuando está presente el factor del fanatismo es poco probable que se pueda llegar a un debate positivo y respetuoso. El “yo estoy bien y tu estás mal” domina y los resultados no son buenos. A veces puede resultar en tragedias, incluso.

El problema es que tanto el fanatismo político como el fanatismo religioso están destruyendo a la sociedad puertorriqueña. En el aspecto político, llevamos más de medio siglo oscilando entre dos partidos inservibles, que cuando fueron fundados la intención era supuestamente alcanzar un consenso de status que llevara a Puerto Rico por un buen camino tanto en lo social como en lo económico, pero que hoy día claramente, los dos (el Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo Progresista) sólo se enfocan en los beneficios que puedan ganar los políticos dentro de esas colectividades. Desde que tengo uso de razón, no han hecho nada “notable” que me diga que se preocupan por el pueblo. Pasan los años y se siguen viendo los mismos problemas- algunos incluso más agudos ahora que antes- problemas de infrastructura, desempleo, servicios, calidad de vida, crimen, problemas en educación y salud… ¿y qué sucede qué aún con todo, el pueblo sigue confiando no solo en estos partidos sino también en gran parte de la gente que ha llevado a la isla al abismo social?

La política no es algo cultural. Sin embargo, hemos hecho de la política, parte de la cultura. “Si mis papás son populares, entonces yo tengo que ser popular”. Creemos que hacemos un bien a nuestra patria siguiendo la mentalidad que tienen nuestros ancestros sin analizar que la dinámica de los partidos ha cambiado y se ha vuelto una claramente corrupta y destructiva para los ciudadanos. Asociamos los partidos con un ideal, por eso lamentablemente siguen poniendo a las mismas personas, porque creen que al votar por algo diferente, estarían alejando la posibilidad de lograr el status que desean que Puerto Rico tenga. Los políticos de turno saben que el status es la gallinita de oro de sus malévolas intenciones de seguir robando, porque el pueblo se ha fanatizado con el status y por ende, con los partidos que supuestamente abogan por dichas propuestas de status.

Los partidos políticos también saben que el pueblo de Puerto Rico- quizá por naturaleza humana- se siente aparentemente bien cuando observa peleas o conflictos entre una parte y de otra. Por eso vemos que las campañas políticas en la isla en ultimos tiempos han sido bajunas y altamente indecorosas, incluso el aspecto de meterse en la vida personal de los candidatos y sacar chismes de cosas que ya son pasadas. Y son así porque “venden”, porque su mensaje llega “mejor”, aunque al final los dos partidos son la misma basura del mismo vertedero.

También hay otro tipo de fanatismo y de este no voy a abundar mucho pues ya hable un poco sobre eso en mi último artículo- el fanatismo religioso. Ayer en medio de la triste noticia de la muerte del actor Paul Walker (Fast and the Furious) en un post del actor Vin Diesel, éste dijo que “el cielo ha obtenido un nuevo ángel”, pues aún en medio del luto no faltaron quienes con su insistencia de tener la “verdad absoluta” no tuvieron reparos en venir con su mensaje de siempre- que solo por Jesús se puede ser salvo (mensaje cristiano protestante) y que si no hizo eso, Walker está en el infierno. El fanatismo religioso consiste en pensar de manera irracional y de manera extremista sobre una religión, donde no hay lugar para la razón y la relatividad de pensamiento- el que sea, bueno o malo, bondadoso o egoista, no importa- si no aceptas a Jesús, serás castigado. Creen tener la única verdad y no importa cuánto trates de razonar con ellos es inútil. El fanatisimo religioso se deriva directamente del temor- no de respetar o creer si quiera en alguna deidad. Se produce ante el “placer” interno de la persona fanática en sentirse infalible y superior a quien no piensa como ellos. Es la misma actitud que ha provocado conflictos con otras personas, incluyendo bélicos.

El fanatismo ocurre cuando es imposible el diálogo. Donde el “yo estoy bien y tú mal y se acabó” domina, y donde no hay capacidad alguna para razonar. Esto casi siempre ocurre como consecuencia de dudas internas. El fanatismo “cubre” la realidad, porque la persona no quiere o siente pánico de aceptarla. Los fanáticos políticos posiblemente muy adentro saben que su partido es basura, pero por miedo a “quedarse como están” o “convertirse en una república”, miedos infundado por estos partidos que tanto les fallan, la siguen apoyando. Lo mismo el fanático religioso- quizás se trata de un agnóstico o ateo que siente gran temor del que dirán y de sentirse aislado ante una sociedad predominantemente creyente, algunos más que otros. El que razona bien con respecto a la política o a la religión, no tiene que abandonar sus ideas. Simplemente sabe que tienen que respetar a quienes no piensan como ellos, pueden exponer sus ideas pero sin usar frases como “estás equivocado”, “estás mal”, y mucho menos lo que usan los fanáticos más recalcitrantes y feroces “si sigues pensando así no serás salvo y te quemarás en el infierno”. Esta última manera de expresarse más que buscar acercar a quien no cree a Dios o a la religión que tanto defiende lo que hace es alejarlo y advertir a otros de lo que constituye la religión.

Hay muchas formas de fanatismos- y cuando se NIEGA la posibilidad de algo negativo en algo que inequívocamente es negativo, la persona simplemente lo que hace es creer y vivir una mentira. No hay nada más triste que recurrir a algo falso para darle sentido a la vida. Porque muy adentro, la verdad está ahí. Mientras, en la medida que un pueblo elige vivir en la mentira, la sociedad sigue decayendo al punto que después será muy tarde para recuperarse.

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