El principio del respeto, parte 2

En los últimos días me he enfocado principalmente en el tema del status político de mi isla y he escrito algunas ideas para poder “comenzar” a construir un plan donde la calidad de vida de nuestro pueblo mejore. Este tema del status- al igual que temas como la religión- tienden a crear pasiones y de todas las ideologías hay personas que defienden con argumentos válidos sus posturas, y tratar de llegar a un consenso para comenzar el proceso de mejorar nuestra isla que es lo que todos- independentistas, territiorialistas y estadistas”- los que nos preocupamos por Puerto Rico queremos.

Sin embargo, es aquí donde tenemos que ir a una raíz más profunda para el mejoramiento de Puerto Rico y la sociedad en general (en cualquier país): respetar las posturas de los demás. Hay temas apasionados donde tendemos a defender nuestra opinión de tal manera que nos vamos a la línea personal- esto es, a ofender, a mencionar situaciones personales irrelevantes por parte de los debatientes, y a otros estilos de debate que son los que vemos típicamente en las campañas políticas actuales: lo que conocemos como “campañas de fango o lodo”. Así no podemos pretender mejorar como sociedad, no importa que status tengamos.

Ahora, para alejarnos de la política e irnos a lo general: el respeto es necesario en todo tipo de diálogo o debate para que se llegue a un punto armónico. Como humanos sabemos que no es fácil mantener compostura sobre todo cuando nos topamos con opiniones obstinadas y caemos en la falta de respeto- a mi me pasa, lo acepto y los que me han leído en foros lo saben. Nos tenemos que preguntar: ¿Qué ganamos con molestarnos, ofender e insultar? ¿Qué armonía se alcanza cuando ofendemos y nos vamos en líneas personalistas para debatir? Por lo general, las diferencias de opiniones se deben mayormente a diferencias de perspectiva o falta de experiencia. No me malentiendan- hay personas malas, que se oponen a todo lo que uno hace, sugiere o dice porque no nos quieren para bien. Pero esto no es lo tradicional.

En la vida siempre nos vamos a topar con gente que piense diferente y quiera poner las reglas del juego de la manera que ellos quieren, sin estar dispuestos a oír a los demás. Estas personas no pueden asumir liderato porque de eso no es que se trata el liderazgo; un líder oye y lee todas posturas de sus seguidores y llega a una conclusión usando un criterio neutral, no imponiendo su propio criterio; eso lo hace un dictador, un opresor. Si bien es cierto que a veces el líder se escoge por tener el mejor criterio de todo un grupo, no es que impone su criterio faltando el respeto al criterio ajeno; examina todos los criterios y llega a una conclusión.

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