La razón y el corazón, ¿cuál de los dos realmente manda?

Existe un dicho por ahí muy famoso, usado casi siempre para referirse al aspecto de lo romántico pero que quizás también sea usado por los aspectos: “en el corazón no se manda”.

Quizás es cierto; el corazón (y no hablando del órgano que bombea sangre, donde no hay nada conciente ocurriendo) generalmente se refiere al aspecto de los sentimientos, donde uno piensa en una idea y la proyecta en un ámbito ilusorio, idealista, sin imperfecciones. Nuestro corazón desea que tengamos un trabajo donde nunca tengamos problemas con el jefe o con un compañero; donde siempre tengamos aumentos y mientras más jugosos mejor, y donde nos retiramos millonarios. Nuestro corazón nos pone a ilusionarnos con ser el mejor artista, el mejor deportista, el mejor músico, el mejor en nuestro campo. Y en el ámbito romántico que es donde más se asocia el corazón pues la persona se ilusiona con otra persona y no mira los elementos imperfectos y defectos que hay presentes. Es todo un sueño, una ilusión, que de por sí solo no representa la realidad de la vida.

Por lo tanto si el corazón no controla por sí solo los elementos ilusorios de la vida, existe un elemento en el que sí hay un control: la razón. Ese elemento llamado cerebro que tenemos y desafortunadamente no todo el mundo usa, porque la realidad es que cuando la razón determina cuál es la decisión correcta a tomar con lo que quiere el corazón, éste a veces a lo último “sufre”.

En la vida, como he dicho antes, hay que ser realista antes de ser falaz. De niños, generalmente se nos enseña a desarrollar y valorar las ilusiones y los sueños y no se nos presentan las realidades crueles de la vida para que así podamos disfrutar al máximo nuestra juventud. Pero uno poco a poco se da cuenta de que las cosas no son como el corazón las tiende a describir.

Dependiendo de la personalidad de la persona a veces, y yo diría la mayoría de las personas, insisten en hacerle caso al corazón y no a la razón. Un ejemplo es el arraigamiento de la religión en nuestra sociedad. No importa cuantas cosas se encuentren que pongan a las religiones a temblar, la gente prefiere seguir pensando en lo acostumbrado porque temen cuestionar y quizá darse cuenta de su potencial equivocación. Mucha gente insiste en seguir carreras en las cuales todo lo que los mueve es el sueño y la ilusión y la realidad no se les presenta, porque no están capacitados o sencillamente no tienen la suerte necesaria para lograrlo. La gente piensa que será más feliz si se deja dictar únicamente por el corazón. La verdad es que en muchas ocasiones el corazón es egoísta y sin la razón, es un problema.

En el ámbito de lo romántico se puede ver mucho la ausencia de la razón. La gente idealiza a otras personas, desarrolla sentimientos que no quiere controlar porque lo que siente les satisface y a veces no se da cuenta de que hay unos elementos reales que no permiten que se de lo que su corazón quiere. En el tiempo que busqué novia, mi corazón sufrió muchas veces, cuando veía como otros muchachos pudieron conseguir novias con relativa facilidad y para mí era super difícil. Pero hoy día sé que hay elementos que dictaron lo que fue mi suerte en ese asunto. Hay muchas personas que no respetan las relaciones de personas a las que se sienten atraídas. Si tienen pareja, prefieren seguir el “corazón” y luchar y buscar la forma de que esa persona deje a su pareja o la engañe, por eso las infidelidades son tan comunes. La razón les dice que esa persona no está disponible, pero el corazón no lo acepta y cuando no prevalece la razón entonces vienen los problemas.

Y lo triste es que al final, aunque parezca que en un momento la razón duele, al final el corazón duele más si no se hace caso de la razón. Porque la gente no mide las consecuencias de sus actos. La gente coge el primer trabajo que le ofrecen y no observa las realidad que se les puede presentar, y cuando están adentro es tarde. Lo mismo se desesperan por tener pareja y se pegan de la primera persona labiosa y casanova que conocen, para a veces terminar en un ciclo de violencia doméstica, darse cuenta que no es lo que esperaban y no vérselas tan fácil para dejar a esa persona y así, vemos una sociedad hoy donde la mayoría de la gente no es feliz. Porque le hicieron caso al corazón.

Y el problema es que los medios y la presión social insta a las personas a seguir lo que quieren sin medir todos los elementos que se puedan presentar. Si bien es cierto que no hay forma de evitar los problemas y situaciones difíciles por más precavido que uno sea, uno puede evitar cosas muy obvias si se decide hacerle caso a la razón. Por ejemplo si usted sabe que el negocio de la venta de hogares no está bueno, no se ponga a desarrollar proyectos de hogares que con toda probabilidad no podrá vender. Si usted corre el riesgo, tiene que prepararse para las consecuencias si no ocurre el milagro que usted desea. Hay cosas que uno debe tomar riesgo porque no hay circunstancia donde nunca deje de ser un riesgo, pero no es ahora que se sea temerario y actúe irresponsablemente. Si usted siente algo por alguien que ya no está disponible, acéptelo aunque su corazón no quiera, no decida esperar a que deje a esa persona porque las relaciones de pareja son impredescibles y bien pueden durar poco como durar toda la vida y usted como bobo o boba esperando algo que nunca va a llegar. Sea realista y siga lo que quiere su corazón dentro del plano de lo que la razón le diga.

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