Las mentiras de la sociedad: ¿Cómo podemos enfrentarnos a nuestros opresores?

Desde que surgieron los primeros humanos, nuestro mundo siempre se ha basado en el siguiente principio: la supervivencia del más apto. Muchas veces se cambia “apto” por “fuerte” o “valiente”, pero éstos últimos términos no son los más apropiados para usarse cuando se describe la naturaleza arbitraria de nuestra realidad. Aceptar la realidad cruda, cruel e injusta de la vida ha sido desde siempre un problema para la humanidad, de manera que se ha optado, desde los anales de la historia, dar “explicaciones” para la arbitrariedad de la vida. Pero veremos como todas estas explicaciones resultan totalmente banales al final.

La primera mentira que nos dicen cuando somos pequeños es que nuestro éxito está garantizado por el nivel de esfuerzo con la que enfrentemos la vida. En la escuela esto se traduce en estudiar, más tarde en las universidades y en los trabajos se traduce en “meterle duro”. Lo mismo pasa a la hora de decirnos cómo encontrar un compañero o compañera que sea potencial pareja y padre o madre de nuestros hijos; ser bueno, amable, honesto, dedicado, y todo este tipo de detalles.

Todo esto es mentira. Todo resulta parte de ese proceso de darle a la naturaleza de la vida unos estándares que no existen. La vida no tiene un propósito premeditado, no existe tal cosa como una causa mística para un efecto directo de ese misticismo. La vida simplemente es, y ya. Algunos tendremos éxito y otros fracasaremos, sin importar al final cuanto esfuerzo hagamos o cuán ocioso estemos. Un vago puede pedir prestado dos dólares, jugar la loto y convertirse en multimillonario, un estudiante que tiene un buen promedio se puede graduar valedictorian y no encontrar un trabajo y vérselas negras con préstamos y deudas. Esta es la realidad de la vida. ¿Qué esforzarse y estudiar duro aumenta las probabilidades de éxito? Sí. PERO NO LAS GARANTIZA.

Muchas personas se molestan cuando alguien como yo estoy haciendo ahora expresamos esta verdad. Nos juzgan de ser pesimistas y de destilar “malas vibras”. Es increíble cuán fantasiosa puede ser la gente para no enfrentar la verdad cruel de la vida. Prefieren seguir leyendo y oyendo mentiras que les hagan sentir bien aunque por dentro saben que es todo banal y sin sustancia real. Por eso nuestra sociedad en Puerto Rico prefiere leer sobre farándula, llenas de fantasías y estupideces, que leer sobre digamos, el efecto del calentamiento global, las consecuencias de sustituir mano de obra humana con tecnología o sobre situaciones bélicas que pueden calar en la estabilidad económica mundial. Porque prefieren alejarse de esto “negativo” de importancia y acercarse a lo que los mantenga en su burbuja fantasiosa.

Nuestra realidad es negativa, punto. Lo siguiente es cierto y ustedes decidirán si aceptar esta realidad o buscar excusas usuales: es más fácil

1. Enfermarse que curarse
2. Perder una buena pareja que conseguir una
3. Perder un buen trabajo que conseguir uno
4. Perderlo todo (volverse pobre) que volverse rico
5. Gastar que ahorrar
6. Perder una buena amistad que ganar una
7. Romper lazos familiares que construirlos
8. Perder la casa o un negocio que obtenerla
9. Tener estrés que tener paz
10. Decepcionar a la sociedad que ganarse su aprobación o favor mayoritario

Son realidades que quien las niegue está viviendo en el mundo de las fantasías. Vivimos en un mundo donde terminar mal es mucho más fácil que terminar bien. Donde en un segundo se puede derrumbar lo que toma días, meses y años construir. ¿Y todavía nos atrevemos a decir que hay un dios bueno? Si hubiera un dios bueno que ama a sus creaciones, sería al revés; sería más fácil ser feliz, tener armonía con los demás, vivir en un mundo de paz, de plenitud, donde no hayan presos y sí muchas personas felices, que saluden a uno en las calles, en las tiendas, en los negocios, donde los niños en la escuelas tiendan a portarse bien, donde no haya bullying, donde no hayan ejecutivos avaros y malvados que les guste pisotear a sus subordinados, donde la educación, la salud, y el bienestar básico sean derechos y no privilegios, donde no hayan deambulantes, usuarios crónicos de drogas, alcohólicos, donde no hayan divorcios, gente celosa, gente envidiosa, donde no haya homofobia, xenofobia, racismo y donde simplemente todos seamos seres con mente abierta que respetamos y deseamos el bien a los demás.

Todo esto que acabo de mencionar, conocido comúnmente como la utopía, es “pensamiento deseoso”, pero no es la realidad, y nunca lo será. Nunca lo será porque el humano tiende a la maldad, al egoísmo y a la auto-satisfacción sin importarles los demás. Es noble tratar de criar a los niños para que la utopía sea una realidad pero la naturaleza humana que despierta desde que los bebés comienzan a razonar (cuando se convierten en niños) es de satisfacer el ego personal y no pensar en los demás. Por tanto no importa cuán buena sea la educación en el hogar y en las escuelas, siempre habrá quienes se vayan por el camino del mal.

Miren cómo es la injusticia de la vida, que normalmente si una persona es influyente económicamente, no importa el mal que haga, muy probablemente saldrá bien. Con muy pocas excepciones, los malos que tienen poder generalmente ni siquiera enfrentan cargos cuando cometen un delito. Si una compañía prominente está envuelta en la trata humana, en la explotación de empleados, en la contaminación del ambiente y en cualquier otra circunstancia que implique dañar a la humanidad, generalmente ésta saldrá bien. Si un rico comete un delito, su poder económico es suficiente para librarlo de la justicia. Esta es parte de la cruel realidad; si lo hace un Juan de los Pazlotes, o una compañía pequeña que si quiebra no afecta los ingresos del gobierno, las multas llevarían a la persona a cerrar el negocio o incluso si es a nivel individual, termina preso. Esta es la realidad en casi todos los países- socialistas y capitalistas. ¿Hay alguien preso por la debacle económica de los Estados Unidos en el 2005? ¿British Petroleum enfrentó cargos por la contaminación por el derrame irresponsable de crudo en el Golfo de México? ¿Ha hecho algo el gobierno “imparcial” de los Estados Unidos para detener a las grandes corporaciones de irse del país para seguir lucrándose aunque ello afecte la economía? Y esto lo podemos extender a otros países. Al final, todo se trata del más apto. El que más poder tiene es el que nunca conoce los problemas al menos del nivel económico. Y no importa como lo hace; al final, el mundo de la política y la economía se rige por el principio de Niccolò Machiavelli: “el fin justifica los medios”.

Ante esta realidad, es decisión de cada individuo como enfrentar la vida; si unirse a la corriente del montón, aceptar la naturaleza egoísta humana y ser más de lo mismo y volverse “malo” o tratar de hacer una diferencia aunque nunca pueda alcanzarse a nivel colectivo y ser “luz” en medio de la oscuridad. Hay quienes no piensan en esto y siguen sus vidas individuales, proyectando ese deseo de la utopía en sus familias individuales, pero, ¿lo logran? ¿Qué pasa con esos padres que tratan de ser lo mejor para sus hijos y comoquiera éstos les salen “malos”? Volvemos a lo mismo: la vida lo decidió, y no con un propósito. Fue el destino de la suerte, porque todo en la vida recurre a la suerte.

Y es que al final la sociedad no ha colaborado para que- en términos de los sentimientos y lo que es abstracto y justo- podamos ser una sociedad donde prevalezca el bien. Si bien hemos visto el azote del desempleo como consecuencia de una saturación en los campos de trabajo y por la sustitución de mano de obra humana por máquinas, los gobiernos no suplen a las personas para satisfacer sus necesidades. No les facilitan el poder echar hacia adelante por otras vías. Cada vez que yo entro a sitios en la red como LinkedIn, Monster, Indeed, ClasificadosOnline y aún a ferias de empleo, es mucho más fácil salir frustrado que emocionado con la esperanza de encontrar algo. Los únicos dos trabajos que he tenido han sido por golpe de suerte, no porque sienta que “los obtuve de manera dichosa”. Entrar y ver esas tres páginas de requerimientos absurdos para una posición, que tengas que tomarte dos horas aplicando, para que a veces ni te respondan, es deprimente y frustrante. Algunas conceden entrevistas pero esto es otro problema- tener que competir con más entrevistados y adicionalmente “esforzarte” para no meter la pata que tan fácil es en una entrevista, y aún a eso se añade tu historial de conducta y trabajo anterior. Con tanto desempleado y siendo los humanos cada vez menos necesarios, es obvio que este método ya se está volviendo obsoleto. Pero si quieres hacer algo por tu cuenta y tratar de hacer dinero legal y limpio, no es tan fácil tampoco. Tienes que probar al gobierno (pagando sumas de dinero exorbitantes en medio del proceso) que puedes hacerlo sin perjudicar a los demás pues muchas personas han montado negocios fraudulentos y han forzado a los gobiernos a tomar medidas correctivas que minimicen estos riesgos.

Cuando un padre decide tener un hijo, y más en estos tiempos, tiene que pensar en todos estos escenarios, para tomar la decisión correcta. Pero muchos recurren a su creencia en sus seres imaginarios quienes deben proveerles del favor y de bendiciones y los tienen, porque tienen “fe” de que nada de esto va a afectarlos.

Vivimos en una sociedad oprimida, como siempre lo ha sido. Antes, éramos esclavos directos de otros. Los negros tenían que servirles a los blancos, los indígenas en América eran perseguidos por otros grupos vecinos y posteriormente todos tuvieron que someterse a la voluntad de los europeos colonizadores, en la historia prácticamente todos los pueblos han sido oprimidos por personas, por gobiernos y hoy día lo somos de los sistemas. En estos tiempos se ha “innovado” en el arte de oprimir, haciendo que la gente defienda a sus opresores. Vemos a la gente que defiende vorazmente al capitalismo o al socialismo, o localmente a los populares o los PNP, y así en todos los países se forman líneas partidistas, donde los opresores desarrollan la labia para que los oprimidos se enamoren de ellos y de sus agendas que esconden el plan de opresión. Hoy día somos esclavos de Wall Street, de los bancos, de los gobiernos y de las grandes corporaciones que controlan los mercados de aquello que necesitamos para vivir. Tenemos que pagar grandes sumas de dinero para poder arreglarnos los dientes, operarnos un corazón que puede colapsar en cualquier momento, poder comprar comida o simplemente tener un techo y no dormir en la calle. Los derechos humanos se limitan simplemente a la expresión y a lo sentimental; todo lo físico es un privilegio y no importa prácticamente en que sistema estemos; en Estados Unidos mandan el gobierno federal y las grandes corporaciones, en Cuba y Corea del Norte mandan los gobiernos opresores, y aunque en uno hay más derechos que en otros, no existe en ningún lugar del mundo la tan alabada “libertad”.

De manera que creemos y defendemos mentiras y más mentiras. La libertad no existe. El derecho a la vida no existe. Igual que defendemos creencias en religiones basadas en mitologías e inventos humanos, prácticamente todo lo que seguimos defendiendo son falacias que nadie en realidad está dispuesto a enfrentar, por miedo o por ignorancia. De la única manera en que esto puede ser resuelto es que una masa mayoritaria de gente despierte y se unan en contra de la opresión de manera definitiva y terminante. Con tan solo ver como las estadísticas no favorecen la felicidad humana indica que ya es tiempo de reaccionar y darse cuenta de que lo que actualmente se sigue no sirve. Pero está en nosotros aceptarlo o seguir en eso que no sirve.

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