La integridad del ser humano

Ya he hablado anteriormente sobre la realidad actual del status quo; cómo el mundo siempre ha sido, desde el comienzo de la historia humana, ajustado para satisfacer una mentalidad uniforme, según cada cultura; y cómo quienes no están de acuerdo con el modo del status quo son rechazados y señalados, obligándonos a todos, básicamente, a vivir en una realidad de opresión que nunca ha cambiado, hasta el sol de hoy.

En Puerto Rico, como se definió anteriormente en pasados artículos, la realidad del status quo es heteronormativa, cristiana y capitalista. En otras palabras, se espera que cada ser humano viva según este orden específico y con alguna influencia religiosa, en términos morales se espera que se viva aún más estandarizadamente: casarse, tener hijos, trabajar y suplir a la familia y ésta es la única realidad aceptada. Lo demás es visto como “extraño”, “libertinaje” y/o “pocavergüenza”.

A consecuencia de las mentalidades estandarizadas, vivimos en una sociedad oprimida, donde los ateos tienen que callarse o hacerse pasar por creyentes para evitar problemas en diferentes situaciones ya que obligadamente tenemos que lidiar con creyentes en algún momento de nuestras vidas, mientras estemos en esta isla y en este lado del planeta. Tenemos que casarnos a cierta edad y tener hijos o luciremos raros, no confiables y extraños; tenemos que tener una mentalidad donde lo más que nos importe sobre cualquier otra cosa sea nuestra estabilidad económica. Muchos de nosotros entendemos y sabemos que pensar de esta manera no es la única moralmente válida, pero somos una minoría tan extrema que la presión que ejercemos no es fuerte; somos hormigas tratando de empujar una pared de hormigón reforzado de 5 metros y un pie de espesor. La corriente del status quo, según cada cultura, puede ser tan fuerte que posiblemente la mayoría de las personas acepten este modo de vida aunque su subconsciente no esté de acuerdo; vivimos con una actitud de esclavos, y hemos dejado que nuestros esclavizadores tengan más poder sobre nosotros.

Por ejemplo, la mentalidad que se ha adoptado en la isla- con un punto que se puede entender, es que aquí no hay futuro y que lo mejor para nosotros y para las próximas generaciones es irse de la isla, preferiblemente a Estados Unidos. Es una mentalidad que ha habido desde que tengo uso de razón pero que se ha agudizado a raíz de que las cosas en la isla se han tornado negativas a nivel socioeconómico y político. Lo que muchos no quieren aceptar es que la cosa en Estados Unidos tampoco luce como se pinta, y es aquí donde entra el factor humano de la negación por conveniencia. Nuevamente, la mentalidad concluyente de una mayoría es que allá todo está bien y aquí todo está mal y se espera que todos, aun los que sabemos la verdad (en mi caso he vivido allá), adoptemos dicha mentalidad.

Hablamos de la necesidad de la diversidad, de ser diferentes, pero a la hora de la verdad, el miedo nos gobierna. A la hora de venir alguien con alguna mentalidad “revolucionaria” y diferente, se ve a esa persona como una amenaza y se le segrega; y esto es una situación que sucede a nivel mundial. Queremos cambios, pero cuando llega la oportunidad de un cambio potencial, nos da pánico y preferimos seguir con lo que hay; una mediocridad mental rampante donde todos tenemos que ser como dice el status quo del momento, volviendo a más personas tristes, infelices y amargadas. Y esto se refleja en la sociedad tal que hoy es difícil ver gente sonriendo a nuestro alrededor. Vamos a los centros de compra, a los bancos, a los supermercados, a las playas, y vemos tanta gente con cara de infelicidad… porque hay personas que optan por vivir para complacer a la sociedad y no a ellos como personas; padres de familia que supuestamente son felices pero a la hora de la verdad sabemos que no lo son, que cuando tienen la oportunidad y a escondidas viven otra vida, en la que sí son felices; homosexuales, heterosexuales, ateos, que con sus familias se portan forzadamente de una forma pero en el internet, o cuando están libres o sus familias están fuera, viven su verdadera naturaleza que los hace felices y sentirse satisfechos. Nuestra realidad de opresión hace que muchos vivan una vida de mentira, porque una vida de verdad implica ser señalados, rechazados, marginados y expuestos a situaciones innecesarias. Y en los trabajos ni se diga. Con tan pocas posibilidades de que una persona en estos tiempos pueda ejercer en lo que le gusta porque su carrera ya no requiere tanta labor humana, o porque no está en demanda, tienen que trabajar en otra cosa que no les causa felicidad con el fin de poder sobrevivir y no quedarse en la calle.

Hay veces donde simplemente hay que aceptar que no se puede alcanzar la felicidad y la satisfacción al cien por ciento y ello es porque sencillamente queremos muchas cosas que no se pueden dar al mismo tiempo. Muchas veces queremos un buen trabajo, una buena pareja, vivir en un estado de vida específico y tener una vida específica y en ocasiones no se puede tener todo al mismo tiempo porque la vida es arbitraria. Pero esto no significa que tenemos que aceptar vivir bajo opresión y en falsedad. Sobre lo que mencioné de la gente que se tiene que ir; es una triste realidad que personas emigren de sus respectivos entornos en diferentes países, dejando atrás amistades, familias, recuerdos y otras cosas para irse a un lugar que no conocen y que a veces, dependiendo de cada individuo, nunca satisface a los que se mueven. Y no importa cuán saludable sea su vida social, o si se van solos o acompañados; algunos se acostumbran y viven con nivel de felicidad aceptables, pero otros tienen que oprimirse y vivir una felicidad falsa que se traduce a veces en depresión, mal humor, insatisfacción general, problemas de salud y negatividad constante.

Describir la complejidad de nuestra existencia es complicado y puede ser posible que siempre, no importa en qué circunstancia estemos, estemos insatisfechos con nuestra realidad; aún si fuésemos ricos, tengamos una familia bonita, vivamos donde nos guste, y podamos ser nosotros y no fingir para satisfacer a otros, siempre hay algo que nos falta…

Uno como ser humano pierde la integridad cuando deja de ser uno a voluntad y acepta la opresión y el vivir una vida falsa cuando por dentro el subconsciente se resigna a sufrir y a vivir lo que no quiere. No es fácil vivir con integridad absoluta en un mundo cruel que prácticamente nos obliga a no ser del todo honestos y posiblemente la inmensa mayoría de nosotros, si no es que todos, tenemos que ceder en ocasiones para evitar problemas con el entorno, especialmente en ocasiones como lo es compartir con gente que no es de nuestra misma mentalidad, o cuando vamos a entrevistas de trabajo y tenemos que decir algo para complacer el oído de los entrevistadores y no es realmente lo que sentimos, o incluso cuando nos gusta alguien o estamos ya emparejados con alguien pero sabemos que hay unos defectos que no nos atrevemos a decirle para evitar una discusión que pueda terminar en un rompimiento o un divorcio; pero creo que si todos nos los propusiéramos podríamos minimizar este grado de falsedad en el que tenemos que recurrir en ciertas ocasiones si simplemente aceptamos la realidad de que somos una especie diversa y que con ciertas excepciones extremas, como lo es la gente con instintos asesinos, de depravación sexual o delincuentes, tenemos que aceptarnos como somos y únicamente trabajar con aquellos defectos que inequívocamente afectan a los demás. Y con esto me refiero a daño físico, económico y moral; no incluye personas que “se afectan” sin ninguna necesidad por decisiones ajenas que no le competen ni causan daño en sí como lo es que un padre o una pareja se afecta porque uno no tenga la mentalidad que desea.

O podemos aceptar todo como está, seguir en la opresión social y seguir viviendo como siempre ha sido la historia; pero tomemos en cuenta de que en la medida que nos mantengamos conformes (en colectivo) con esto, las cosas en nuestro mundo no van a mejorar. No se puede mejorar una sociedad donde la mayoría de las personas viven en una mentira.

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