¿Somos los puertorriqueños muy metiches en la vida de los demás?

Uno de los debates más comunes entre nosotros los puertorriqueños son aquellos relacionados a política y religión. Hace cerca de una semana el juez federal en Puerto Rico, usando unos argumentos obsoletos, decidió que se debe seguir desistiendo de casar legalmente a las parejas gay en momentos en que Estados Unidos ya prácticamente se acerca cada vez más al matrimonio igualitario en toda la nación. Por supuesto la bola de cretinos y basura que componen el sector fundamentalista en la isla celebró dicha decisión y en los foros se vio todo tipo de lenguaje en contra del matrimonio igualitario, incurriendo en el uso de epítetos ofensivos, argumentos basados en libros mitológicos como la biblia e incluso lenguaje amenazante y violento. Puerto Rico es una sociedad brutalmente enferma.

El puertorriqueño ha desarrollado un afán en meterse en los asuntos de otras personas que es una cosa detestable. Parejas heterosexuales supuestamente felices, con familia, con buenos trabajos y en vez de concentrarse en su felicidad se mete en este asunto para mantener a una minoría marginada y descriminada. ¿Por qué?

Estudios constantemente indican que la homofobia es simplemente síntoma de homosexualidad reprimida. Y es lógico: un verdadero heterosexual le da lo mismo si dos personas del mismo sexo se besan, aman o hacen el amor entre ellos. No tiene que gustarle, pero el hecho de molestarse cuando es algo que no le afecta no es lo esperado en una persona absolutamente heterosexual.

Y así mismo podemos aplicarlo a los creyentes que insisten en meter sus creencias a nivel de sociedad. Su inseguridad interna de que lo que creen es una falacia junto con su terror de reconocer que la vida no tiene una razón premeditada ni somos escuchados o cuidados por un señor en los cielos hace que quieran estandarizar su creencia. Los musulmanes lo hacen a un nivel donde cuestionar siquiera te lleva a la muerte. Y los cristianos no se quedaron atrás en el pasado aunque ahora no matan, pero si buscan la manera de hacerte sentir mal.

Otro ejemplo: las personas que decidimos no casarnos, ya sea por el momento o permanentemente. Hay una manía en que todos tenemos que tener nuestra propia familia, y de nuevo ¿por qué las personas felizmente casadas o con pareja dejan de preocuparse por el status civil de sus amigos o de conocidos que no estan casados o con pareja? Si pasamos de cierta edad, nos marcan. Y la gente débil de carácter, los cuales parecen ser la mayoría en este sentido, no pueden resistir la presión por lo cual el desesepero por tener pareja los lleva a seleccionar basura. He visto casos tanto de hombres como mujeres cuyo desespero por tener pareja da vergüenza ajena. Hacen unas cosas para llamar la atención que resulta en lo morboso. Pero detrás de ese desespero, aunque puede ser que se trate de problemas de auto-estima, posiblemente hay una presión indebida de familiares y amigos que por alguna razón tienen que presionar a esa persona y de hecho, incluso en muchos trabajos no se ve bien que una persona a cierta edad no sea casada, aunque se supone que la ley prohiba la discriminación por esto.

El meterse en la vida de los demas es regulado por dos fuerzas indiscutibles: la inseguridad de quien se mete y el deseo de control de la persona que se mete.una persona respetuosa le importa un comino si alguien es religioso, casado o de mentalidad X mientras no sea una mentalidad indiscutiblemente peligrosa. Y en nuestra isla este problema es muy, muy agudo.

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