La neurociencia como potencial futura solución al problema de la criminalidad

En mis primeros artículos estuve escribiendo sobre las raíces de la criminalidad, y cómo la sociedad contribuye directa e indirectamente para el aumento de ésta; cómo situaciones como el desempleo, crisis sentimental y otros aspectos continúan alimentando la actividad criminal en todo el mundo.

Pero hasta el sol de hoy, básicamente se implementa el elemento del castigo como método de reducir la actividad criminal: si cometes un delito y eres acusado y encontrado culpable, vas preso o se te sentencia a muerte (dependiendo del país). Cuando vemos algunos tipos de crímenes, lo menos que podemos desear es cadena perpetua; crímenes horrendos ocurren constantemente en el mundo, como padres que matan a sus hijos, adultos que abusan y agreden física y sexualmente de niños, extraños que tirotean en lugares públicos con el único objetivo de matar por plena diversión; hay varias formas de crímenes que uno sencillamente no logra explicar cuáles pueden ser las causas.

Por siglos la gente sigue asociando todo esto al concepto de la maldad, y especialmente las personas religiosas, asignan la culpa de esto a seres potencialmente imaginarios y ficticios que “poseen” almas y controlan personas a su voluntad; una perspectiva que parece que sale de historias infantiles pero que muchos adultos siguen creyendo por causa de la indoctrinación y del miedo. Pero la verdad es que por más cosas terribles que pasen, no hay nada que evidencie o certifique empíricamente la presencia de elementos sobrenaturales que causen un elemento de maldad y que se traduzcan en delincuencia y crimen. Si fuera así entonces la naturaleza sería maligna, al igual que el universo, por las situaciones “negativas” que suceden todo el tiempo- muertes por fenómenos naturales, accidentes, destrucción, etc.

La cárcel no regenera a nadie; simplemente puede causar dos cosas, que el prisionero viva el resto de la vida con miedo, o que sea aún más malo de lo que es antes de ingresar. La frase que se usa profesionalmente para la cárcel, “centro correccional”, no tiene realmente los elementos “correctivos” en una persona. Todo el mundo sabe que la cárcel es el peor tipo de lugar que existe en el planeta, donde ocurren cosas terribles a consecuencia del encierro de seres humanos y aislamiento de la libertad; estar horas de horas encerrado, con la comida limitada, y posiblemente con un compañero con el que te lleves mal, a veces sucediendo cosas tan horripilantes como una violación sexual, peleas a las manos hasta desangrar, y hasta asesinatos dentro de las instituciones, la cárcel es de esos lugares que pueden hacer desear a una persona normal cometer suicidio, de manera que están muy lejos, de nuevo, de ser correccionales. ¿Realmente la solución definitiva en contra de la criminalidad es la cárcel?

La verdad es que el comportamiento humano se deriva, según se ha encontrado, de su “configuración” cerebral. En personas que normalmente viven una vida normal, que no son criminales, que no tienen problemas de adaptación social es común que se vuelvan agresivas cuando comienzan a padecer ciertas enfermedades. Hay personas las cuales una situación brutalmente impactante en sus vidas- una traición sentimental, una muerte de un ser querido o un despido de un trabajo después de muchos años, especialmente de forma súbita, puede cambiarlos permanentemente. Se debe posiblemente a que la configuración del cerebro cambia sin que pueda volver a su estado normal deseado- el estado en el que está una persona que no pasa por situaciones de crisis.

Por eso es común ver personas que terminan siendo criminales después de años de abuso sexual y/o físico, o por una pérdida o situación como la antes mencionada. El cerebro se “descuadra” tal que ciertos químicos se producen o arreglan más que otros. ¿Alguien ha pensado por qué casi todos los criminales a nivel mundial consisten de varones? La respuesta más lógica solo la ha podido dar la neurociencia: la presencia cuantiosa de la testosterona en éstos. El mismo químico que hace que no tengan el mismo control sexual que tienen las féminas. Los hombres por lo general son más sexuales en términos de expresión, son más violentos, y son más agresivos que las mujeres a causa de este químico; y además, junto con la presencia de dopamina, tienden a ser menos racionales; hacen las cosas sin pensar bien en las consecuencias. Esto explica el porqué del comportamiento criminal predominante en los hombres sobre las mujeres.

Hace unas semanas un muchacho mató a su novia, quien según un status de Facebook lo amaba y era el mejor hombre del mundo, por celos; hace unos años un hombre mató a otro solo por el hecho de que estaba mirando a su novia. También se da caso de hombres a quienes alguien les pita en un semáforo y la reacción es bajarse con un revólver y matar al que le pita. Todo esto está explicado por la presencia excesiva de otros químicos como la testosterona y la dopamina sobre la oxitocina, que es la que controla los niveles de agresividad y sirve como racionalizador en las personas. Al menos eso es lo que se ha estado llegando a concluir al momento por parte de los que estudian la neurociencia.

Por lo tanto, aunque la ciencia de la psiquiatría no está del todo desarrollada a un nivel donde se pueda efectivamente trabajar con el cerebro de un criminal, en el futuro la neurociencia podría prometer alternativas definitivas para erradicar la raíz cerebral de esta conducta sin tener que encerrar a la persona que padece del problema y mucho menos eliminarla. ¿Será posible que toda persona que tiene tendencias criminales simplemente se trate de personas con un problema mental de la cual no tienen control? Si fuera así, ¿por qué los responsabilizamos totalmente y los condenamos y no les ofrecemos ayuda, los que estamos mentalmente estables, para simplemente “matar” esa parte mala que tienen y no aislarlos o eliminarlos totalmente?

El comportamiento humano es muy cambiante, prácticamente ningún ser humano es igual a una edad avanzada que a una edad joven. Nuestro cerebro cambia, se desestabiliza y se estabiliza; en momentos de tristeza el cerebro no funciona igual que cuando se está alegre. Se sabe que un estado de ánimo negativo constante lacera el cerebro hasta un punto de fractura en el cual no se puede reestablecer a como era antes, aún si las circunstancias de vida cambian a favor de la persona (esto se conoce normalmente como quedar traumado). Hay personas que pasan por situaciones tan difíciles que eventualmente le pierden el sentido a la vida, y muy pocas personas están capacitadas para tratar profesionalmente con esa persona para que vuelva a vivir plenamente; la mayoría de las personas comunes cuando tratan de “ayudar” a una persona depresiva lo que hacen es, sin intención, agudizarle la depresión; por eso tantos suicidios. El balance cerebral necesita ser tratado en personas con comportamientos inusuales y en el caso de los criminales, puesto que son un peligro para la sociedad, se debe forzar (obligar) un tratamiento efectivo para arreglar a estas personas que claro, no solo se basaría en cambios físicos en el cerebro para que predomine el uso de la razón sobre los instintos e impulsos, sino también en terapias conversacionales donde la persona exprese su sentir, qué lo aqueja, qué hizo que se volviera “malo”.

Creo que posiblemente nadie nace con el instinto de ser malo; nacimos con un instinto animal, específicamente primate, de sobrevivir- como todos los demás animales y seres vivos del universo- y cada ser busca su espacio; la “maldad” es un concepto, que puede ser incluso relativo, usado por personas que simplemente pierden el interés por los demás, pero si esto tiene raíz en los arreglos hormonales y neurológicos y pueden ser físicamente modificados, entonces aquí está la solución, y no en encarcelar o ejecutar criminales; simplemente “descriminalizamos” el cerebro de estas personas y las convertimos en seres de bien. Esta es mi opinión, pero deben meditar sobre ello.

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