¿Somos malas personas los que no creemos en ninguna religión y no nos afiliamos a la creencia de Dios u otras deidades?

En países donde dominan las religiones abrahámicas, así como probablemente otras religiones, se ve el aspecto de la irreligiosidad como un gran defecto. En Puerto Rico, Estados Unidos y cientos de países se consideran a los no-cristianos, no-musulmanes y no-creyentes en general como personas frustradas, amargadas y especialmente rebeldes. Si es cierto que algunas personas que se consideran ateas no demuestran ser felices, la realidad es que nada tiene que ver la falta o presencia de una religión para un estado de felicidad; lo que sí hay que aceptar y esto pues ha sido demostrado en varios estudios es que en muchas personas la creencia en religiones ofrece un sentido de tranquilidad o satisfacción, pero esto no implica o significa que sea evidencia de la existencia del elemento al que sirve dichareligión. Y no podemos tampoco olvidar que a pesar de esto, la religión también ha sido un tema de gran controversia al punto de causar genocidios a lo largo de la historia, pues cuando se lleva la religión a un plano donde se quiere convertir en un estándar donde todos tienen que seguir sus preceptos se convierte en un grave mal social.

 

Hemos visto todos los males del fanatismo religioso, y los seguimos viendo porque prevalece la mentalidad absurda de que las personas que son buenas y gentiles tienen que creer en Dios, entiéndase Jehová. En nuestra isla el estándar de los que no-creyentes en Jehová es negativo, tanto que ahora mismo un ateo no puede ser alcalde, gobernador o jefe de ninguna agencia pública (al menos no de forma abierta). Eso aun cuando se supone que la Constitución nos hace un estado laico; no ser cristiano en la isla es algo que se ve como sumamente ofensivo y extraño, y no ayuda tampoco a que no se vea así el que dentro de la poca cantidad de no-cristianos existente hay mucha división y algunas personas presentan actitudes militantes que no ayudan en nada a atacar ese estereotipo. En cierto punto, hay un sector ateo y no-creyente que sí luce rebelde, y sin intención lo que hace es fortalecer y consolidar el estereotipo de que los no creyentes en Jehová no somos buenas personas.

 

¿Somos buenos o no?

 

En mi experiencia personal cuando fui cristiano este fue uno de los peores errores de mi vida: pensar que había que ser cristiano para ser una persona decente y con valores. Durante toda mi vida me rodeé de personas que aparentaban ser gente decente solo porque asistían a la iglesia y como es lo que vi pues fue lo que practqué hasta que llegó el momento de descubrir la vida real ya entrado en la adultez. Los chismes, las traiciones y la falsedad imperaban en ese entonces pero yo estaba muy ciego. Rechacé amistades “mundanas”, me oponía a ir a discotecas, creía que beber era malo, y obviamente era homofóbico como lo son todos los fundamentalistas en general. Yo era fundamentalista, por eso es que hoy día soy enemigo de éstos; viví engañado por ellos por más de 2 décadas y ahora siento que debo subsanar el error alejando a otros, especialmente a los que tienen dudas, de este error de pensar que hay que ser cristiano para ser bueno.

 

Empecemos por entender que la bondad del ser humano no depende de presencia o ausencia de religiones; hay gente religiosa que es buena y que no necesariamente se escudan en la religión para tratar de ser decentes. Pero sí he notado que por lo general, el sector fundamentalista se compone de gente con serios problemas mentales que se traducen en mentalidades esclavistas, perversas, maquiavélicas, oportunistas y mentirosas. La razón para lo “alborotoso” de este sector es porque tratan de cubrir o tapar las malas costumbres que AÚN tienen, que pueden ir desde lo leve hasta cosas tan perversas como lo es matar gente, violar niños o incurrir en algún tipo de conducta petrificantemente mala en su máximo nivel. Es por esto que es tan común leer de casos de pederastía en las iglesias, alrededor del mundo, o vemos costumbres tan espantosas que van desde las muertes horrendas que se hacen por religión en las regiones arábicas como quemar viva a la gente o degollarlas frente a una cámara. El fundamentalismo es algo espantoso porque se usa para justificar o camuflajear conductas terribles y quienes se consideran que agradan a un ser científicamente no probado haciendo cosas como éstas definitiva e inequívocamente no están bien de la cabeza.

Mientras todo sigue sucediendo, la mayoría de los creyentes siguen dejándose llevar por simples estereotipos para juzgar quien es bueno y quien es malo. Por lo general cuando alguien ve a una persona vestida con ropa oscura, labios y uñas pintados de negro, un arete en la boca, cejas de “demonio”, y ropa de Metallica o Black Sabbath y tatuajes, la impresión es “ese sirve a Satán”. Esto hace que la inmediata reacción sea una de rechazo; mientras, cuando vemos a una persona bien elegante con una biblia debajo de la axila, “ese es hombre o una mujer de Dios”. No importa ver como muchos tienen un contundente negociazo con iglesias que recaudan cada domingo más de 100,000 dólares en diezmos, o cuantos pastores y sacerdotes sean encontrados culpables por perversión de menores, el estereotipo del “hombre de Dios” es que es santo y es incapaz de hacer algo malo mientras que el gótico, emo y rebelde que seguramente nunca ha hecho nada malo y simplemente se viste así ya sea porque le gusta o es su forma de expresar que quiere ser diferente y quiere ser aceptadoes “malo” y hay que alejarse de él o ella porque es peligroso.

 

Hemos hecho de nuestra sociedad, gracias a los estereotipos, una sumamente prejuiciosa y por esto hemos rechazado personas que posiblemente valen la pena por otras que nos traicionan y usan una y otra vez. Todo es apariencia. Y claro: esto no significa que esté bien irse al extremo y pensar ahora que todos los cristianos son malos o que todos los rebeldes son buenos. Muchos de los crímenes más terribles que han ocurrido en Estados Unidos han sido perpretados por personas que nunca tuvieron expediente criminal y sencillamente un día su decepción con la sociedad que los margina es tanta que sencillamente pierden control de sus emociones e incurren en este tipo de actos. Tristemente, estos casos sumamente aislados- mucho más aislados que los casos de religiosos envueltos en perversión de menores por ejemplo– causan más estereotipos contra la gente que no sigue la norma social porque alimenta el estereotipo presente, mientras que las personas religiosas como no tienen ese estereotipo pues genera de forma muy lenta la conciencia de entender que el ser religioso no te hace ser confiable.

 

Un verdadero ateo no pierde su tiempo atacando cosas que no tienen esencia propia. Esta es mi opinión. Poner imágenes de “blasfemia”, o herejía; o estar expresándose con “es que los cristianos son esto o lo otro”, no ayuda en lo absoluto, o sea ni una onza, a hacer que cambie el estereotipo contra la comunidad no-creyente. El uso del artículo los implica absolutez, una generalización que no acepta excepciones, y cuando usamos completo los cristianos para hablar de forma negativa, no solo erran y caen en lo mismo que tratan de criticar de un sector fundamentalista sino que desagradan a personas que tienen la misma postura ateísta o no-creyente. 

 

Los cristianos son personas que simple y sencillamente creen en la religión cristiana. No entra en esto el que sean falsos, hipócritas, charlatanes, o cualquier otro insulto que les podamos aplicar a los fundamentalistas cristianos. Algunos cristianos son fundamentalistas, pero otros no lo son.

 

¿Somos los no-creyentes personas malas? Claro que no. Creer que hay que creer en algo sobrenatural para ser bueno es absurdo. Es como pensar que solamente puedehaber vehículos rojos. La existencia de cristianos malos debe ser suficiente prueba a los cristianos en general de que no todos son confiables y sinceros. Así mismo hay personas que sencillamente pueden ser decentes y productivos para la sociedad si creen solamente en lo que hay evidencia de que existe. Los valores y la moral no están ligados a ser creyente a una religión. La esencia del bien o del mal está en el carácter y personalidad de la persona junto con la forma de ser criada y su entorno. Si bien puedes tratar de que la religión ayude un poco a tener paz, eso no significa que tu esencia cambia y se transforma, porque si esto sucediera no existiesen las recaídas ni las apostasías. Si hay algo que sí hay presente- terriblemente- en muchos creyentes, incluídos todos los fundamentalistas, es la necesidad de vivir con miedo y terror, y muchas veces infundirlo. La miseria de la mente fundamentalista no admite que otras personas sean diferentes a ellos, y cuando no hay controles legales terminamos teniendo cosas como la Inquisición, las Cruzadas, ISIS, Boko Haram, etc.


Nosotros los no-creyentes no podemos darnos el “lujo” de caer en lo mismo que tratamos de criticar. Actitudes de intolerancia, arrogancia, prepotencia, “hay que pensar de esta manera porque si no tal cosa”, y lo he leído en posturas de ateos, agnósticos y minorías en general. Algo que veo mucho en la gente es la inaceptabilidad de la neutralidad: hay que inclinarse a una postura porque si no “eres tibio”, “no tienes dignidad”, “eres inestable”, etc. La neutralidad en casi todos los casos es la postura correcta porque es la que da el beneficio de la duda a posturas extremas. Si bien sabemos que el fundamentalismo religioso no tiene absolutamente nada de positivo y es un mal social probado en la historia de la humanidad, el otro extremo lo es también: si tenemos a un ateo que odia a todos los religiosos por igual y que no puede vivir sin promover el odio a la religión, esto puede ser peligroso porque existe algo que se llama libertad de pensamiento. Legalmente si usted quiere creer en Blanca Nieves y los Siete Enanos y quiera hacer una religión de este cuento de hadas, mientras usted se mantenga en un nivel moderado, no imponga su posición y funcione dentro de lo relativo de forma normal, es su derecho. Nada ganamos ridiculizándolo, aunque no dude que lo haremos si impone su creencia usando tácticas de miedo o terror como se hace con el fundamentalismo en el cristianismo y el Islam. Filosóficamente los no-creyentes podemos invertir mejor el tiempo de meditación “espiritual” en conocer cómo funciona el universo, y es lo que hacen muchos científicos. La parte activista contra lo religioso debe limitarse a la parte del fanatismo. Si se quiere ofrecer algún tipo de información buscando que las personas cuestionen sus creencias, la táctica no debe ser la burla, la mofa o métodos ofensivos. Podemos empezar con preguntas como qué hace una religión superior a otra y por qué el mundo es tan aleatorio como para pensar que hay un propósito o razón para lo que vemos. No hay que incurrir en poner imágenes de Jesús en forma despectiva u ofensiva; es inmaduro.

 

Los no-creyentes somos tan humanos como los creyentes, erramos igual, y tenemos en general los mismos resabios y las mismas virtudes. No necesariamente por ser no-creyentes todos somos más racionales. Pero podemos ser decentes, tener valores, principios- eso sí, no basados en libros sagrados sino en la razón y en la lógica.

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