¿Quiénes son las víctimas del fundamentalismo cristiano?

Por mucho tiempo, se conoce que las víctimas más frecuentes de los fundamentalistas cristianos en la isla son todas aquellas personas que aún no haciéndole daño a colaterales por sus decisiones, no pertenecen al status quo de nuestro sistema, mayormente homosexuales y ateístas (a ateístas me refiero a todas las personas con la tendencia o elección de no creer en deidades, incluyendo ateos, algunos agnósticos y algunos panteístas).
Esta pasada semana el gobierno local de la isla tomó la determinación de que no combatirá más las uniones civiles entre los gays. Este decisión no la tomaron porque “reconsideraran” o porque se dieron cuenta de su error, sabemos muy bien que todo se trata de estrategias políticas y temor ya que el gobierno federal de Estados Unidos va a terminar con este issue tan absurdo en verano, y lo digo así porque es inconcebible que se les nieguen derechos básicos a personas que no hacen ningún tipo de daño cuando su relación es consentida, pues son adultos y personas con experiencia de vida listas para asumir la responsabilidad de sus acciones. Pero aquí el asunto es que sea como sea, es un paso hacia el progreso que nos puede llevar, poco a poco en la medida que se siguen eliminando leyes y normas arcaicas y basadas en inventos humanos, a tener la estabilidad que tienen países como Dinamarca, Holanda y Canadá, eso a pesar de que los enfermos mentales religiosos dicen que vendrá fuego consumidor de la ira del dios cristiano.
Pero los homosexuales no son las únicas víctimas del daño espantoso por parte de las ideas odiosas en las que se basa el fundamentalismo cristiano. Anoche Silverio Pérez, el destacado analista puertorriqueño, quien tiene una hija lesbiana, le dedicó unos versos de un padre que acepta a su hija tal y como es, y siempre hubieron algunas personas con corazón de piedra a decirle que hace mal, que lo que hace no agrada a la deidad cristiana. O sea estamos hablando que hay personas que no están de acuerdo en el respeto de un padre hacia un hijo que es lo que es porque así lo trajo en su sistema. He leído cosas espantosas que nadie creería salen de la boca de un dizque seguidor de Jesucristo: mandarlos a matar, llevarlos al Estado Islámico, etc. El odio del fundamentalismo es agresivo, fuerte, y sediento de sangre. Las mujeres que abortan, las personas que deciden practicarse el suicidio asistido o la eutanasia; los que se suicidan en medio de depresiones profundas, todos son víctimas de la gran crueldad que abunda en los corazones de los fundamentalistas. Y aunque para nosotros los no-creyentes las amenazas con el infierno nos pueden parecer irrisorias, muchas víctimas del fundamentalismo son otros cristianos que realmente caen en depresión por el rechazo de los que se supone que los aman con el amor de Cristo. Los ateos también, aunque en el caso de éstos los métodos de amenaza con infiernos y otros lugares de fantasía no resultan importantes, pero el rechazo hace que tengan más dificultades para conseguir un empleo, por ejemplo- porque la gente atea stiene el estigma impuesto de la sociedad que es alguien que es peligroso.
Pero hay otras víctimas- las cuales son las más propensas: las personas vulnerables. Personas que están pasando por un momento en sus vidas llenos de problemas, tribulación, o simplemente ingenuos que tienen la mente fértil para absorber ideas equivocadas, entre ellas los niños. La enseñanza de un concepto como el infierno en el cristianismo, lo cual ya expliqué en otro artículo, es peligroso, dañino y abusivo. Los niños no saben distinguir entre lo que es inventos cuando parecen ser reales y lo que es la realidad, y máxime cuando en la religión todo lo irreal y mágico se ve como si fuera ley y realidad total. Cuando se indoctrina a los niños en creencias que no son positivas para la sana convivencia con personas que piensan diferente, el daño es casi irreversible y eso lo podemos ver en que una vez crecen no importa cuánta sea la edad, siguen creyendo en las fantasías tal como cuando las adoptaron cuando eran niños. Y otras personas como aquellos que se salvan de una enfermedad terminal o pasan por una crisis es común ver que se convierten a Cristo y sus testimonios inusuales de salvación los usan para “certificar” la existencia del dios cristiano, eso aún si otros miles mueren de lo que “Dios le salvo” porque “tenía un propósito con él o ella”.

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