Dios, la conciencia

Durante mucho tiempo, desde que me denominé como agnóstico, he tratado de por lo menos, entender la mente de los creyentes en las religiones. Puerto Rico y Estados Unidos tienen mayorías cristianas, y por lo tanto vivir entre ellos requiere de la necesidad de convivir y compartir constantemente con ellos y así como se hace que se aprende un idioma para poder entender a las personas del lugar donde se vive, me parece pertinente analizar entonces en qué realmente creen los cristianos. Lo mismo aplica en el mundo árabe con el Islam, en la India con el hinduísmo y así, según la religión de mayoría en un lugar.

Por esto voy a empezar escribiendo algunas frases comunes entre los cristianos: “Dios es bueno”, “Dios te dará la fuerza”, “Confía en Dios”, “Lo lograrás con el favor de Dios”, “Si Dios lo permite”, y “Dios es amor (pero fuego consumidor)”. En el cristianismo, no se define bien a Dios (Padre, en la Trinidad), sino que se “aproxima” a un ser de luz, de total sabiduría, de poder. Incluso usando la Biblia como ejemplo, en el Pentateuco se refiere a Dios, como el “yo soy”. La figura de Jesús define a su “padre” como un ser que todo lo sabe. Pero tampoco expone características “independientes”.

¿Entonces que es Dios? Realmente es absurdo que con estas expresiones, en los ejemplos, y según lo que acabo de mostrar usando el libro sagrado del cristianismo, se trate de un ser sobrenatural independiente, análogo a un ser de un cuento de hadas. Alguien que no se ve, pero que supuestamente nos escucha y nos contesta cuando oramos. Creer en Dios de esta forma, literal y que personalmente no me hace sentido, es lo que ha hecho del cristianismo una religión con un sinnúmero de conflictos filosóficos. Los ateos, especialmente los militantes, llegan a la conclusión de que tal Dios no existe. Y bueno, ciertamente el Dios mágico independiente que tiene poderes “mutantes” no da ninguna muestra de existir: el mundo funciona al azar y todo lo que sucede aparenta suceder por suceder, sin ninguna “premeditación”.

Pero la mente humana sabe que no todo es literal y concreto. Notemos que la creencia en dioses es milenaria, por no decir que existe desde los primeros humanos que adoraban cuerpos celestes. Dios, como he dicho en otros artículos y fuera de mi blog, no se puede definir de manera simple. Por lo menos, ese “Dios” en el que creen la mayoría de los humanos aunque algunas percepciones varíen culturalmente, no se puede simplificar.

Si volvemos a leer las expresiones que usé de ejemplo, vamos a cambiar “Dios” con “tu conciencia” y notarás que las expresiones comienzan a tener claridad. Los humanos tenemos dos “fuerzas”: la racional y la instintiva. En la instintiva se dan todas las cosas que nos hacen humanos en el sentido animal: nuestras necesidades fisiológicas, alimentarias, sociales, sexuales; lo que nos pide sobrevivir y existir. Pero también tenemos la racional, que es la que permite que evolucionemos intelectualmente, nos eduquemos y seamos más cercanos a seres perfectos- aunque jamás podremos ser perfectos. Esa parte de nosotros que nos dice “esto puede traer consecuencias” o “esto no me da buena espina”- eso que no nos hace hacer las cosas arriesgadamente. Aunque esta fuerza no necesariamente se limita a los humanos, por lo menos científicamente somos por el momento quienes únicos, parece ser, tener dicha fuerza- porque no podemos por ahora entender el posible razonamiento de otros animales. ¿De dónde sale esa fuerza? Por el momento, se sabe que la causa para poder razonar se debe a aspectos complicados en el cerebro. Pero no se sabe bien por qué somos como somos.

La palabra ‘Dios’ se usa dependiendo de la línea de pensamiento de cada persona. En el cristianismo, hay aspectos mitológicos envueltos a la hora de definir esa palabra. Resumidamente, Dios es un ente conciente y todopoderoso, aparentemente independiente, que interactúa con los humanos por medio de “comunicación mística”. Esta parte mitológica no tiene sustento científico alguno, por lo que depende del deseo o necesidad de creer en eso de la persona- o sea, de la fe. ¿Podemos quitar la parte mitológica de ese entendimiento de Dios sin afectar su potencial existencia? Si hacemos esto, quedaría entonces la posibilidad de la existencia de un “Dios de Spinoza”, o “Dios einsteiniano”, también formalmente conocido como el dios panteísta, o como mucho, deísta. Este dios no está definido por religiones y por lo tanto no sabemos si existe o no y tampoco sabemos cómo es; científicamente parece ser que Dios es simplemente la energía expansiva del universo y parte de ese Dios entonces al que le oran, adoran, etc. los religiosos es simplemente la conciencia humana; una percepción humanizada a modo simple de algo muy complicado de entender y que como mucho, solo puede existir en esta forma de metáfora. Se necesita personificar e independizar de nuestra conciencia para no sentirnos solos en terminos de ser completamente entendidos. Ante la aleatoriedad de la vida y el terror a la muerte y a que estemos solos, y que todo se termine cuando nuestra vida termine, los humanos decidieron que inventar dioses antropomórficos con poderes sobrenaturales combatirían esa aflicción y eso se ha transformado hoy día en decenas de religiones, las cuales carecen de una “convergencia” que pueda ser razonable. El conflicto por saber cuál es el verdadero “Dios” ha dividido a la humanidad- aún internamente, pues aún dentro del cristianismo hay muchas contiendas sobre cuál es la doctrina correcta.

Pero cuando mencionamos el concepto de orar, entonces podemos ver un parecido a los que practican cosas como el yoga o cualquier forma de meditación; pero en lugar de hablarse a sí mismos, confieren su necesidad a un ente independiente, mítico y que no muestra señales de existir. El poder de “Dios” al que confieren sus preocupaciones es realmente el poder de ellos mismos- su conciencia. En la Biblia se menciona que “la fe sin obras es muerta”. Por tanto, aún dentro de la doctrina esperar soluciones mágicas ante problemas reales es inaudito. Tanto creyentes como no creyentes deben buscar en sí mismos enfrentar las situaciones que nos tocan vivir y encontrar soluciones, especialmente si se trata de aspectos emocionales, que es muchas veces por lo que oran los creyentes esperando la ayuda sobrenatural y por el momento no probada por la ciencia de un ente que es muy probable que no exista según como lo describen.

¿Existe Dios? Nadie lo sabe. Por lo menos, podemos concluir que el Dios al que oran los cristianos y otros religiosos es en realidad, entonces, la conciencia humana interna. Sobre un “Dios” creador, entonces estaríamos hablando de, posiblemente, la misma energía que expande nuestra universo, pero es difícil que se pueda personificar y humanizar dicha energía cuando, hasta el momento, el único planeta de los millones que existen en el universo que alberga a humanos es la Tierra. También Dios puede ser el multiverso que contiene a los universos paralelos, si es que esta teoría fuese cierta. Tampoco se puede personificar esta forma de Dios. La energía que dio origen a lo que somos no se entiende, gran parte de ella (energía oscura y materia oscura, casi un 95% de todo lo que hay en el universo) es desconocida, y si llamarle Dios es consuelo para los creyentes, no hay problema- pero definirlo de forma religiosa es lo que no hace sentido pues ahí entra lo mitológico.

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