¿Por qué creo en la independencia para Puerto Rico?

(Artículo actualizado en Abril 22, 2016)

Este es mi primer artículo del nuevo año 2016, y lo escribí el 31 de diciembre de 2015 para compartirlo inmediatamente empezado el nuevo año. En éste quiero hacer conocer mi sentir sobre la independencia para mi isla, pero no sin antes decir que entiendo que ésta, en la realidad, está muy lejos de lograrse por dos razones: la mayoría de los puertorriqueños no la quiere y no hay la suficiente gente con el ideal independentista capacitada para dirigir el país para que éste sea uno de excelencia, que tenga una economía fuerte y una sociedad estable.

¿Qué significa la independencia política de Puerto Rico? En realidad, hoy día la palabra independencia no significa que no se necesita para nada de otros países. Vivimos en un mundo globalizado y todos los países desarrollados importan y exportan productos y tienen una economía dependiente entre todos. El ejemplo está por ejemplo, en el petróleo. Lo que sucede en el Medio Oriente generalmente causa un impacto en el precio de este producto el cual baja o sube en todo el mundo, incluyendo Puerto Rico. Hay muchos productos que no se pueden dar en la isla porque no tenemos el clima para ellos- como lo es la producción de muchas frutas y verduras. Por el momento no contamos con una fábrica de diseño y ensamblaje de autos en la isla, así que importamos desde Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y Europa. Es decir, independencia no es sinónimo de desconección del resto del planeta.

La independencia de Puerto Rico significa que tenemos un gobierno que toma las decisiones finales sobre nuestra economía local, las leyes, las penalidades por ir en contra de ellas, las normas y códigos para los impuestos, las reglamentaciones a la hora de aceptar o rechazar productos exteriores; que tengamos la capacidad de llevar una sociedad saludable, económica y socialmente hablando, sin que otros tengan autoridad sobre nosotros. En estos momentos, Puerto Rico tiene un nivel limitado de autonomía, concedido por los Estados Unidos; es decir, la razón por la cual tenemos esa “autonomía” es porque así lo permite Estados Unidos, nuestro dueño y amo aunque suene molestoso decirlo de esa forma.

Nuestra economía está atada al 100% a los Estados Unidos. Las actuales leyes de cabotaje no permiten que tengamos la capabilidad de exportar e importar productos de otros países sin el sedazo del gobierno federal. Y estas leyes- que los actuales partidos tratan de que se eliminen, solo se pueden eliminar si Puerto Rico es independiente. Derrogar las leyes de cabotaje en la isla siendo territorio o estado significa derrogarlas también en cada uno de los estados, especialmente los costeros, y eso es algo que no va a suceder porque sería tanto como que cada estado fuera independiente. Todo estado y territorio de los Estados Unidos necesita el aval del gobierno federal para poder tener relaciones económicas con otros países. El que Puerto Rico sea el único donde el inglés no domine y tengamos una herencia latina indubitable no significa que merecemos “trato especial”. La independencia es la única salida a las leyes de cabotaje que nos limitan aún en estos tiempos de caos económico.

Cuando le mencionas la palabra independencia a los puertorriqueños, la reacción general es de temor: no más ayudas federales. Este es el común denominador para que la gente quiera seguir siendo parte de Estados Unidos. No se trata de amor real a esa nación; Estados Unidos y Puerto Rico son lugares muy diferentes, y no solo en el idioma sino en la manera de ser- aún el sector latino que reside en Estados Unidos no se parece en nada al sector latino en la isla. Estados Unidos es un país capitalista, que hala principalmente a personas con mentalidad capitalista. Aunque Puerto Rico también es económicamente capitalista, aún se conservan unos valores sociales por encima del hacer dinero y capitalizar. La mitad o más de los residentes en la isla viven de ayudas porque los salarios que obtienen no son los suficientes, porque el pago mínimo es insuficiente, o porque no consiguen empleo (ya sea porque no lo buscan o porque no se les hace fácil por lo saturado del mercado de trabajo). Sin esas ayudas, literalmente la mayoría de la población se las verían negras y podría suceder un caos social que ciertamente es de preocupar. Dos o tres generaciones han pasado desde que se implementó el Estado Libre Asociado y se indoctrinó esa dependencia “hijo-padre” con los Estados Unidos.

Puerto Rico no es muy grande territorialmente; solo mide 100 millas en promedia de este a oeste, y 35 en promedio de sur a norte, y a eso le añadimos Vieques que mide 21 de oeste a este y cerca de 4 de sur a norte y Culebra apenas pasa de los 10 millas cuadradas. Pero es un tamaño lo suficientemente grande para crear un mercado de agricultura, turismo e industrias fuerte- aunque quizás no para la cantidad de gente que vive que sigue siendo mucha a pesar del éxodo actual de cerca de 100,000 personas al año (muchos los cuales regresan porque no todos los 100,000 se van con trabajos asegurados a sus lugares de destino). A pesar de los inconvenientes reales que llevaría el hacer a Puerto Rico independiente, mis convicciones son que el potencial para un país estable y auto-suficiente (junto con la capacidad de negociar con otros países sin tener que pasar por el carísimo sedazo de los Estados Unidos) están ahí y por tanto no es que Puerto Rico no pueda ser independiente políticamente. Con gente comprometida, con un pueblo que dignifique el trabajo en lo que sea necesario para hacer de la isla una meca del turismo y la agricultura, Puerto Rico tiene potencial de ser una Irlanda o una Dinamarca. No hay que pensar pesimísticamente si fuéramos un pueblo más abierto de mente. Y tampoco el sector independentista actual tiene que tenerle tanto odio y rencor a Estados Unidos creando un estereotipo de que los independentistas somos anti-estadounidenses. Como todo, hay cosas de la nación que no nos gusta, especialmente ahora con la posible imposición de una junta fiscal que pone en peligro nuestro más valuable tesoro- nuestra tierra; principalmente aquellas que tampoco les gusta a los mismos residentes nacidos y criados en los Estados Unidos. No es odiar a la nación- podemos seguir teniendo relaciones económicas con Estados Unidos- como las que tienen China, Corea del Sur, Francia, Alemania, etc. La independencia no nos va a librar de la deuda billonaria que tiene la isla pero nos daría herramientas para generar una cantidad de dinero que sirva para renegociar la deuda sin tener que incurrir en subir impuestos como se hace ahora mismo porque nuestro status actual (el cual de convertirse en estado no sería mucha la diferencia) nos impide generar ingresos adicionales. Puerto Rico no es un desierto ni es un pantano de esquina a esquina- tenemos recursos naturales variados ideales para un turismo diverso y también tenemos varios tipos de suelos y geografía variada para diferentes cultivos. Si somos independientes podemos ofrecer incentivos como hacen muchos otros países para invitar a compañías multinacionales a abrir mercado en la isla. Un impuesto de un 6% de ventas y usos más un impuesto de un 5% a todo lo importado, bien administrado y monitoreado, todo eso daría unas ganancias enormes a la isla. Los puertorriqueños que viven en Estados Unidos en contra de su voluntad emocional y que no ven la hora de regresar a la isla porque detestan el frío, el capitalismo rampante, la segregación racial y el individualismo que distinguen las zonas urbanas de Estados Unidos a los que se mudan pueden regresar y con ellos el aumento a las ganancias. Puerto Rico ya cuenta con una buena infrastructura de transportación, y mucha de ella ha sido mejorada, lo cual significa que solo falta mejorar lo que quede. Demoler estructuras abandonadas, consolidar municipios, crear un escenario más estético- quitar pancartas y anuncios viejos de postes, puentes y murales, mejorar las estructuras que aún se usen, desarrollar el aeropuerto de Aguadilla para así aliviar el de Carolina- en fin, es mucho lo que se puede hacer, mucho el trabajo disponible para crear una isla funcional, y de hecho- a Estados Unidos le conviene nuestra independencia porque si creamos una estructura más barata de negocios, para maximizar las ganancias, eso invita a gente aún de la nación para hacer comercio aquí.

La independencia es, teóricamente, y si se quiera- prácticamente también, la solución al problema actual que tenemos. En estos momentos, la realidad es que también Estados Unidos de manera sutil es lo que busca para la isla. Considerando las características de la junta fiscal la cual, la más preocupante es la del uso de terrenos protegidos para desarrollo económico, es obvio que Estados Unidos (refiriéndome al gobierno federal) no le interesa seguir teniendo relaciones económicas de peso con nuestra isla. Especialmente ahora que su mirada está puesta en Cuba, la indisposición del gobierno estadounidense en ayudar a la economía- aunque esto pueda ser un poco justificado debido al mal uso de fondos por décadas por parte del gobierno y la pobre capacidad para votar de los puertorriqueños- Puerto Rico se ve en una posición donde volvemos a los tiempos pre-ELA, a menos que saquemos el coraje de declarar nuestra independencia y así comenzar a abrir mercado internacionalmente.

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