Raíces y componentes del fanatismo religioso

Ya en varios artículos de mi blog he hablado mucho sobre el fanatismo religioso. Pero es un misterio el conocer por qué tantos seres humanos padecen de esta enfermedad. Aún cuando la ciencia ha demostrado de manera basta muchas explicaciones contundentes e indebatibles sobre tantas cosas en nuestra naturaleza, nuestro comportamiento, y nuestra biología entre otras cosas, millones y millones siguen atribuyendo aspectos de éstos a asuntos religiosos. Por ejemplo, la gente sigue achacando los temblores en zonas próximas a fallas a “la ira de Dios”.

Ya he hablado sobre la necesidad de creer en el humano promedio. Éste no se siente complacido ni contento con la idea de que muchas de las cosas que pasan en nuestro entornos suceden aleatoriamente- especialmente aquello que es trágico. No culpo a la gente por eso, es algo natural. El problema viene cuando esa necesidad de creer que se supone es algo individual viene acompañado de un deseo de imponer la idea como si tratara de asegurarse, con eso, de que lo que cree es absoluto e indebatible.

En muchas partes del mundo la religión es algo que merece el mayor de los respetos. Se habla de “lugares sagrados”, “animales sagrados”, o “tiempos sagrados”. Se practican rituales extraños- en general, lo religioso es lo que mayor importancia tiene- más que la búsqueda de la armonía y de la paz entre los seres humanos. Hay quienes dan su vida, con orgullo, por la religión y los que siguen dicha línea los consideran mártires. Todo esto es señal de la necesidad que siente el humano de sentirse especial en su entorno; pero nada de esto cambia una realidad que no se puede cuestionar: el cosmos funciona independiente de lo que querramos creer de él.

El principal ingrendiente para caer en el fanatismo religioso es la indoctrinación fuerte desde una edad temprana. Usando elementos de terror como el infierno o un lugar de tormento eterno y la ira de Dios, por ejemplo, se les enseña a los niños a obedecer y seguir sin cuestionar. Se incrusta una actitud de temer a conocer el por qué de las cosas, y esto llega tan fuerte a la adultez que es tarde, en la mayoría de los casos, de recuperarse de ello. Cuando esa indoctrinación es fuerte se cae en el fanatismo. Si una persona no goza de buen intelecto, es débil y vulnerable en cuanto a criterio y carácter propio, el fanatismo es tan fuerte como lo es pegarle agregado a la pasta de cemento, arena y agua al hormigón; no es posible salir de él y en edades ya avanzadas, cuando el cerebro empieza a ceder y no hay más maduración, el fanatismo ya es perpetuo. De manera que no se puede subestimar el peligro de la indoctrinación; puede fomentar un fanatismo incurable.

La inmensa mayoría de los fanáticos religiosos niegan su enfermedad, o la justifican y comparan con otros tipos de “fanatismos” como el que se tiene por un artista. Este tipo de fanatismo es diferente; el fanatismo religioso interviene directamente con la parte del cerebro que se encarga del conocimiento y aprendizaje, del cuestionar, preguntar y dudar para alimentar el intelecto. No se trata de rebeldía, sino de la necesidad de comprender más de nuestro entorno; cuando reemplazamos esa necesidad de aprender por teorías absurdas e infantiles sobre el origen del universo, la vida, y nuestro lugar en este mundo, se crea una actitud sedentaria que busca entonces que la vida se le busque sentido con cosas banales y que no tienen ningún tipo de beneficio. Además de atrofiar esa habilidad de cuestionar y dudar, en colectivo puede presentar peligros serios como los que hemos visto a lo largo de la historia, que han ocurrido guerras, masacres y matanzas a nombre de la religión, además de nutrir situaciones como la homofobia, la xenofobia, el discrimen y los conflictos interpersonales.

Hoy día, las siguientes características son comunes en la basta mayoría de los fanáticos religiosos:

Pasados oscuros

Vulnerabilidad emocional

Hipocresía

Homofobia y otras formas de discrimen

Ingenuidad e inmadurez

Actitudes y comportamiento infantil

Ignorancia educativa (falta de argumentos, analfabetismo, hostilidad al contestar preguntas científicas, disparates como el creacionismo contra la evidencia de la evolución, etc.)

Intelecto mediocre

Todas estas características son inaceptables en adultos y hoy en día yo diría que en jóvenes mayores de 12 años. En estos tiempos la información científica confiable está al alcance de un teléfono móvil. Pero lo lamentable no es que hayan adultos con estos defectos sino que lo transfieren a sus hijos y la mediocridad y fanaticismo pasan de generación en generación. Pero en muchas partes del mundo ha pasado algo bueno: en los países desarrollados la religiosidad ha ido en declive, quizá porque las nuevas generaciones han abrazado el conocimiento sobre la indoctrinación compulsoria; los dogmas resultan tan anticuados y obsoletos, además de cuestionables, que los jóvenes no tardan en darse cuenta que las religiones hoy día no tienen mucha cabida, por lo menos a lo que dogmas se refiere.

Por eso las religiones pierden atractivo, pero casi siempre los afortunados son los que tienen facilidad de educarse; en los hogares pobres, la religión ocupa ese vacío que deja la falta de conocimiento y la ciencia. En estos casos, para ellos, los dogmas religiosos explican lo que sucede en nuestro entorno- aunque las explicaciones contengan magia, fábulas y aspectos sobrenaturales, similar a los cuentos de hadas. La religión se presenta como una especie de refugio y dependiendo donde una persona se congrega, con quiénes se rodean, y qué carácter tiene, puede caerse en el fanatismo. 

El fanatismo religioso es una enfermedad mental grave que requiere de ayuda profesional especializada, conlleva lidiar con traumas y conceptos incrustados desde edades tempranas, y la mejor manera de prevenirlo es fomentando la educación científica, preferiblemente en lenguaje científico. No todas las mentes entienden matemática complicada con ecuaciones que aún gente con preparación académica no entienden del todo.

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